Lo viejo sirve: la ropa vintage irrumpe en La Plata

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La avanzada de las nuevas formas de comunicarnos han modificado nuestra manera de habitar el mundo. Somos testigos de un cambio radical en cuanto a la conectividad y la tecnología; la industria textil no está exenta de esto. Con la avanzada de marcas internacionales como lo son “Shein” y “Temu” provenientes de Asia, los productores locales se encuentran viviendo dificultades tanto para la producción como para la venta de indumentaria. La imposibilidad de competir contra las grandes empresas extranjeras causa estragos en los comercios locales. Según números, entre enero y junio de 2025 los argentinos gastamos 2.196 millones de dólares en compras de indumentaria del extranjero. Según los datos de la Fundación Pro Tejer este año la actividad textil disminuyó 20% en septiembre frente al año anterior y 27,8% respecto a 2023.

Diego Piancazzo, gerente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de La Plata explicó a EL DIA que las ventas no lograron recuperarse después de la pandemia. Contó que la compra de indumentaria no es una prioridad para las familias que hace mucho no logran llegar a fin de mes. Por otro lado, Valentín Gilitchensky, referente de la Federación de Empresarios de La Plata (FELP), dijo a este diario que hace bastantes años no se ve una tan mala temporada y que los negocios subsisten con mucha dificultad.

Paralelamente a la dificultad de los comercios locales y a la competencia con las importaciones internacionales, se alza un comercio de economía circular que ha copado la Ciudad. Con clientelas fijas y precios más acordes a la crisis económica que atraviesa nuestro país, decenas de ferias americanas comenzaron a surgir. Uno de los movimientos fundamentales fue el traslado de las ferias que habitaban Plaza Italia, Plaza Rocha y Plaza San Martín. La Comuna creó un espacio para los feriantes en el barrio de Meridiano V, permitiendo un espacio organizado y regularizado para los trabajadores.

Las también llamadas ferias americanas no solo nuclean este sentido del cuidado de las prendas y otra alternativa a los grandes mercados; también crean comunidad.

Así es como los vecinos y vecinas se reúnen en ferias de la Ciudad -como son Parque Saavedra o Meridiano V- todos los fines de semana. Nos invitan a encontrarnos con otros, tomar mates y también escuchar música. Rituales que parecen perdidos en una era de sobreestimulación e individualismo atroz.

Cuando hablamos de ropa vintage no hablamos solamente de una cuestión estética: es la respuesta en contra de la producción llamada “fast fashion” donde consumimos prendas de mala calidad, a bajo precio y en cantidades exorbitantes. Tampoco cuestionando cómo y dónde se producen estas prendas que suelen tener sus fabricas en países con altos indices de pobreza y trabajo infantil.

¿DÓNDE EMPEZAR?

Si pensamos en nuestra ciudad, no podemos no nombrar al Ejército de Salvación (Diagonal 77 y 4), una institución pionera no solo de reventa textil sino también de muebles e incluso tecnología. Desde la misión benéfica, se puede acercar a esta sede para acceder a artículos por bajos precios y también a donar. La diferencia es tan abismal que podemos encontrar, por ejemplo, pantalones a 20 mil pesos teniendo en cuenta que en ningún local de las grandes marcas bajan de los 100 mil pesos. Son largos percheros con distintas variedades de prendas organizadas por color y categoría. Además, nos rodea una atmósfera un tanto caótica pero con vestigios nostálgicos de consolas de videojuegos de hace décadas, e incluso vinilos en reproducción.

En la actualidad, otra opción distinta es Cocoliche (Diagonal 77 y 11). Bajo su lema “Ropa con una segunda oportunidad”, nos invita a sumergirnos en un local que a simple vista pareciera de ropa tradicional. Varios percheros de ropa de marca en excelente estado revelan el proceso de selección de quienes trabajan en el local. En su página web cuentan con venta online de productos pero además con los requisitos específicos al momento de donar la ropa. Los precios en este local se acercan a los tradicionales pero teniendo en cuenta la curaduría de las prendas que realiza este comercio, genera ropa de calidad y reutilizada en excelentes condiciones.

La feria de Mabel situada en 1 y 39 es conocida por todos los vecinos de Barrio Hipódromo. Su sueña, vecina entrañable, nos recibe en la esquina rodeada de prendas variadas donde podemos buscar hasta el cansancio. Mabel, al igual que muchas de las ferias de la ciudad, selecciona cierta cantidad de ropa que posee precios un poco más elevados por haber sido seleccionadas en específico. La feria también tiene una sección donde podemos encontrar un espacio de donaciones.

En La Celo Feria atiende Celeste Colisigno, oriunda de Neuquén, quien explicó a EL DIA la importancia de la economía circular en la ciudad. Podemos encontrarla durante algunos eventos y ferias en Casa Trama, centro cultural situado en 7 y 65 pero principalmente podemos encontrarla de manera virtual. Celeste realizó también una selección de las prendas que en mejor estado se encuentran y relación a eso coloca los precios. Conversamos sobre el tabú presente en utilizar ropa usada por otros Celeste difunde productos, consejos e incluso recomendaciones de otros emprendimientos en su cuenta de Instagram y Tik Tok.

HACERLA DURAR

Nos consume la velocidad en la que vivimos donde nada es estático y todo se extingue con rapidez. El exceso de conectividad hace que cada vez estemos más lejos de lo real, lo que persiste y lo que hay que cuidar.

Según los datos de Statista, una persona promedio pasaría como mínimo 150 minutos al día en redes sociales. La cantidad de horas dedicadas a las redes muchas veces generan ansiedad y aislamiento, sin tomar noción del paso del tiempo. Sucede con nuestros vínculos sociales pero por más alejado que parezca, sucede también con la ropa que usamos. Las prendas de pocos usos y que poco tienen que ver con nuestra identidad e industria nacional, han invadido nuestra forma de vestir y de mostrarnos al mundo. Celeste Colisigno destacó también en los materiales tóxicos con los que son confeccionados estas prendas internacionales y descartables, además de que compramos ropa que sabemos que solo durará unos lavados.

La vida se nos viene presentando cómo un escenario donde todo es desechable y reemplazable por algo mejor. Ante esta premisa, comprar ropa que ha sido cuidada, trabajada y puesta en valor es un acto que tiene que ver con la resistencia a esa lógica del descarte. La vuelta de lo vintage no se limita solamente a una cuestión estética.

Parece que nuestras acciones y consumos no repercuten en fenómenos tan enormes como este. Pero por algún lado se empieza.

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