Colores intensos, curvas y memoria: el nuevo maximalismo
Edición Impresa | 11 de Enero de 2026 | 03:31
En 2026, la decoración de interiores se corre definitivamente del minimalismo estricto y abraza una consigna que ya no pide permiso: más es más. Colores intensos, texturas protagonistas y una mezcla audaz de estilos definen un maximalismo curado, consciente, que no busca el exceso por el exceso mismo sino la construcción de identidad. La casa deja de ser un espacio neutro y se convierte en un relato visual, en una escena donde cada objeto tiene algo para decir.
La clave de esta nueva etapa está en la intención. El maximalismo que se impone no es caótico ni acumulativo, sino narrativo. Libros, piezas de arte, recuerdos de viajes y objetos singulares se agrupan con criterio, organizados por color, material o tema, dando lugar a pequeños universos dentro del hogar. Son composiciones que funcionan casi como altares contemporáneos, donde el desborde está cuidadosamente pensado y el ojo encuentra orden dentro de la abundancia.
El color, por su parte, deja de ser un simple recurso para destacar una pared y pasa a ocupar un rol central en todo el espacio. Tonos saturados y vibrantes como naranjas encendidos, amarillos solares y verdes profundos se despliegan en muebles, alfombras y textiles, aportando energía y carácter. La paleta cromática se anima a contrastes fuertes y combinaciones inesperadas, con el objetivo de generar impacto emocional y personalidad propia.
Las texturas y los patrones acompañan esta búsqueda de intensidad. Telas con efecto pictórico, florales de gran escala y motivos que se repiten y dialogan entre sí suman profundidad y riqueza visual. El espacio se construye por capas, invitando no solo a ser mirado sino también a ser vivido y tocado, con una sensación envolvente que se aleja de la frialdad.
En ese escenario cargado de estímulos, las formas orgánicas cumplen un rol fundamental. Sofás de líneas curvas, mesas de contornos irregulares y espejos circulares suavizan la escena y rompen con la rigidez geométrica. Estas piezas aportan una sensación acogedora y fluida, ubicada en un punto intermedio entre lo clásico y lo contemporáneo, ideal para equilibrar la intensidad del conjunto.
La mezcla de estilos es otra de las marcas fuertes del maximalismo 2026. Lejos de buscar coherencias rígidas, se celebra la convivencia entre lo nuevo y lo antiguo, lo sofisticado y lo rústico. Piezas contemporáneas dialogan con referencias al renacimiento americano o a un estilo ecuestre reinterpretado, dando lugar a interiores eclécticos que reflejan gustos personales más que tendencias cerradas.
Las paredes también se suman a esta lógica de abundancia. Obras de arte, fotografías, candelabros, objetos decorativos y plantas se despliegan sin miedo, reemplazando la idea de un único punto focal por composiciones temáticas que guían la mirada y generan recorridos visuales. El resultado es un espacio dinámico, donde siempre hay algo nuevo por descubrir.
Finalmente, los detalles nostálgicos y artesanales terminan de darle alma a esta tendencia. Muebles vintage, antigüedades y objetos hechos a mano aportan una calidez difícil de replicar con piezas industriales. Son elementos que conectan el interior con historias, memorias y afectos, y que refuerzan la idea de que el hogar, en 2026, será ante todo un reflejo íntimo de quien lo habita.
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