La reina del estilo: moda, diplomacia y elegancia real

Volvió a destacarse como referente de la moda real, combinando lujo, reutilización de prendas y gestos diplomáticos en cada aparición. Con una fuerte presencia de joyas, broches y diseños simbólicos, sus looks fueron protagonistas absolutos del año

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Por VIRGINIA BLONDEAU

lduba@eldia.com

En nuestro último encuentro comenzamos a analizar las elecciones estilísticas de nuestra reina preferida en 2025. Máxima, de ella hablamos, se ha convertido en una mujer referente de la moda no solo para simples plebeyas sino también para otras reinas y princesas. Sabe acatar la moda pero también rebelarse en contra de “lo que se usa”. Y, además, puede ser clásica pero no le teme a la vanguardia. Por eso sus looks son tapa de revista y no nos cansamos de comentarlos.

Hace una semana, gracias a las estadísticas de la publicación UFO No More, se ha despejado la incógnita de cuánto han gastado las damas de la realeza durante 2025. Al igual que el año pasado, de las consortes europeas ha sido Charlene la más manirrota, muy por encima del resto. Máxima, por primera vez, se ubica segunda en el ranking. A pesar de haber estrenado menos piezas que años anteriores (96 entre ropa y complementos) se ve que los 120.000 dólares gastados se han focalizados en joyas y buenos diseños porque es una cifra nada desdeñable. Como para que podamos comparar, UFO nos cuenta que la reina Mary de Dinamarca ha gastado 90.000 dólares y la reina Letizia “solo” 52.000.

Máxima en Kenia con la túnica de Valentino y el colgante Masai

El gran despliegue de la reina de los Países Bajos se ha visto en las visitas de estado. Máxima sabe que sus looks son una buena herramienta para afianzar lazos de amistad y homenajear al país anfitrión. Como ejemplo, cuando visitó Chipre, una isla mayoritariamente helénica, lució en su solapa un broche en el que se entrelazan un tulipán y una rama de olivo, los símbolos de los Países Bajos y de Grecia. Y, para una de las galas, lució un vestido de Christos Costarellos, un diseñador con base en Atenas, que le jugó una mala pasada: recordarán los lectores ese vestido azul de terciopelo al que, para evitar mostrar más pierna de lo que marca el protocolo, Máxima sujetó con un alfiler de gancho común y corriente y poco elegante.

En marzo pasado cuando Máxima bajó del avión, en el aeropuerto de Nairobi, lucía un abrigo con bordados y plumas. Gracias al archivo de la página modekoningmaxima.nl supimos que se trataba de un diseño de la artista keniata Ana Trzebinsky que Máxima tiene desde hace 20 años. También en Kenia Máxima demostró cómo agasajar al país que se visita: para la noche de gala llevó una túnica de la colección 2016 de Valentino, una colección que fue inspirada, precisamente, en la cultura africana. Y el complemento elegido fue un colgante masai, también presentado en esa exposición.

Máxima y su broche de Luz Camino

En abril llegó a los Países Bajos el sultán de Omán y Máxima aprovechó para ponerse por segunda vez el vestido “de las galas asiáticas”. Le decimos así porque lo había estrenado en una boda en Jordania. No es un vestido cualquiera sino que tiene una historia detrás. En 2019 la reina viajó a Paquistán como representante de la ONU para dar una charla sobre finanzas inclusivas. Allí conoció a la diseñadora Mahpara Khan quien le regaló un traje íntegramente bordado que suelen llevar las novias de la región. Máxima, decidida a dar impulso a los emprendedores, pidió que se lo adaptaran a su cuerpo y a su gusto para poder usarlo. El resultado fue una maravilla. En otro de los actos con el sultán, Máxima lució el que se convertiría en el mejor look de 2025 según los especialistas holandeses. Se trata de un conjunto de Natan cuya chaqueta blanca, entallada, había estrenado en 2004. La falda negra, anchísima, en cambio, era nueva y, como complemento, llevaba un sombrero de paja también negro. Todo el conjunto recordaba al estilo new look de Christian Dior de los años 50.

Los broches fueron grandes protagonistas de los outfit de Máxima. El más original fue la fresia blanca de la diseñadora española Luz Camino, realizada en oro y porcelana con incrustaciones de diamantes.

La casa belga Natan, de donde provienen la mayoría de los modelos de Máxima, también ha estado presente en los accesorios. La gran flor de tela azul que la reina usó para el concierto de Navidad daba presencia a la blusa del mismo tono y los collares de plumas de Natan tampoco pasaron desapercibidos. Tan enormes que solo una mujer con la altura de Máxima puede llevarlos con soltura sin riesgo de parecer una gallina.

Máxima, con el vestido de Costarellos

Pero no todos los complementos que Máxima llevó son fantasía. Además de los aros, broches y diademas históricas que ya hemos analizado tantas veces, Máxima (y también Amalia) ha lucido las piezas de un conjunto de Herman Romberg, un joyero holandés. No se trata de una joya antigua sino que fue estrenada por la entonces reina Beatriz en 2009. Está realizado en una piedra color lila llamada kunzita con incrustaciones de diamantes. Tradicional y moderno a la vez.

Trajes de gala, conjuntos de cuero, sencillos trajes de oficina y mucho más ha llevado la reina en el pasado año y no dudamos de que este año recién estrenado seguirá, valga la redundancia, estrenando. Y nosotros, claro, admirándolos y comentándolos.

 

Máxima

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