Doble limpieza facial: el ritual que promete una piel más limpia, equilibrada y luminosa

Nacida en Asia y adoptada en todo el mundo, la doble limpieza facial se convirtió en uno de los pasos más comentados del skincare. Qué es, para qué sirve, cuándo conviene hacerla y cómo

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Lavarse la cara es, para muchas personas, un gesto automático: agua, un poco de limpiador y listo. Sin embargo, en los últimos años, una rutina más elaborada ganó protagonismo en el universo del cuidado de la piel: la doble limpieza facial. Llegó desde Japón y Corea del Sur —dos países con una larga tradición en rituales cosméticos— y se expandió rápidamente hacia Europa y América. La promesa es clara: una limpieza más profunda, efectiva y respetuosa con la piel. Pero también aparecen las dudas: ¿es realmente necesaria?, ¿para quiénes funciona?, ¿puede dañar la piel si se hace mal?

QUÉ ES

La doble limpieza facial es un método que consiste en limpiar el rostro en dos pasos consecutivos utilizando dos tipos de limpiadores distintos. El primero está formulado a base de aceite y se enfoca en disolver aquello que el agua sola no puede retirar con facilidad: maquillaje, protector solar, exceso de sebo y residuos grasos. El segundo paso utiliza un limpiador soluble en agua —gel, espuma, crema o loción— que elimina el sudor, la suciedad y las impurezas hidrosolubles acumuladas durante el día. El resultado es una piel intensamente limpia, sin sensación tirante y mejor preparada para recibir los productos que se aplican después.

El principio que sostiene esta técnica es simple: “Lo similar disuelve a lo similar”. Los aceites son especialmente eficaces para remover fórmulas resistentes, maquillaje de larga duración y filtros solares minerales, algo que muchos limpiadores tradicionales no logran por completo. A diferencia de lo que se cree, los aceites y bálsamos limpiadores modernos no dejan la piel grasosa. Gracias a la incorporación de emulsionantes, al entrar en contacto con el agua se transforman en una textura lechosa que se enjuaga con facilidad, evitando residuos y respetando la barrera cutánea.

 

Otra alternativa cada vez más popular y elegida es la doble limpieza con agua micelar

 

PARA QUIÉNES

Ahora bien, aunque suena tentador, la doble limpieza no es obligatoria para todas las personas. Los limpiadores actuales están formulados para retirar maquillaje, protector solar y contaminación en un solo paso. Incluso, en muchos casos, limpiar el rostro dos veces con el mismo producto suave puede ser suficiente. Sin embargo, hay situaciones específicas en las que la doble limpieza cobra sentido y puede marcar una diferencia visible en la piel.

Por ejemplo, es especialmente útil para quienes usan maquillaje a diario, en particular fórmulas densas o de alta fijación. También para quienes aplican protector solar resistente al agua o filtros minerales como el dióxido de titanio o el óxido de zinc, que tienden a adherirse más a la piel. En contextos urbanos, donde la contaminación ambiental se deposita sobre el rostro, este método ayuda a eliminar partículas que pueden acelerar el envejecimiento cutáneo. Además, en pieles muy grasas o con tendencia acneica, la doble limpieza permite controlar el exceso de sebo sin recurrir a productos agresivos que irritan o resecan.

 

La doble limpieza facial consiste en limpiar el rostro con dos tipos de limpiadores

 

Contrario a lo que suele pensarse, las pieles secas o sensibles también pueden beneficiarse de esta rutina. La clave está en la elección de productos: fórmulas suaves, sin fragancia, hidratantes y respetuosas del pH. En estos casos, es preferible utilizar dos limpiadores delicados antes que uno solo demasiado potente, que termine dañando la barrera natural de la piel.

CUÁNDO Y CÓMO

El momento ideal para realizar la doble limpieza es por la noche. Es cuando retiramos maquillaje, protector solar y todas las impurezas acumuladas durante el día. Por la mañana, en cambio, suele ser suficiente utilizar el limpiador habitual para refrescar la piel. La frecuencia también es flexible: para la mayoría de las personas, una vez al día alcanza; otras pueden optar por hacerla solo algunos días a la semana, según sus actividades y necesidades.

El paso a paso es sencillo, pero conviene hacerlo con atención. Primero, se aplica el aceite o bálsamo limpiador con las manos sobre la piel seca o ligeramente húmeda, masajeando con movimientos circulares suaves durante unos 30 a 45 segundos, incluso en el contorno de los ojos si el producto no contiene fragancia. Luego, se enjuaga con agua tibia o se retira con un paño suave. En el segundo paso, se utiliza una pequeña cantidad del limpiador habitual sobre la piel húmeda, se masajea nuevamente y se enjuaga. Después, solo queda secar con una toalla limpia y continuar con el resto de la rutina: sérum, crema hidratante y, si corresponde, tratamiento específico.

La doble limpieza puede adaptarse a cada tipo de piel. En pieles grasas, se recomienda un aceite limpiador ligero seguido de un gel purificante que ayude a controlar el sebo. En pieles mixtas, una combinación de aceite suave y espuma equilibrante suele funcionar bien. Para pieles secas, lo ideal es un aceite nutritivo y una crema limpiadora hidratante. En pieles maduras, los aceites ricos en antioxidantes acompañados de leches limpiadoras ayudan a proteger y nutrir. Incluso quienes tienen imperfecciones pueden complementar la rutina con herramientas suaves de limpieza para zonas específicas, sin abusar.

 

Termina como una piel limpia, sin tensión y lista para recibir productos posteriores

 

Otra alternativa cada vez más popular es la doble limpieza con agua micelar. En este caso, el agua micelar se utiliza como primer paso para retirar maquillaje y suciedad superficial, seguida de un limpiador en gel o crema. Es una opción especialmente indicada para pieles sensibles o para quienes buscan una rutina más simple y rápida, sin resignar eficacia.

Más allá de las modas, la doble limpieza no es una receta universal ni una obligación. Es una herramienta más dentro del cuidado de la piel, que puede resultar muy beneficiosa si se usa con criterio. Escuchar a la piel es fundamental: si después de limpiar se siente fresca, cómoda y equilibrada, el método elegido es el correcto. En definitiva, la clave no está en sumar pasos por sumar, sino en entender qué necesita la piel y cómo acompañarla de la mejor manera.

 

¿Qué es la doble limpieza facial?

Es un método de limpieza del rostro en dos pasos consecutivos.

Combina un limpiador a base de aceite y otro soluble en agua.

Busca eliminar maquillaje, protector solar, sebo e impurezas de forma eficaz.

Se recomienda principalmente por la noche.

¿Para qué sirve la doble limpieza?

Elimina maquillaje y protector solar de forma completa.

Disuelve el exceso de sebo sin resecar la piel.

Limpia impurezas acumuladas por contaminación y sudor.

Prepara la piel para que sérums y cremas se absorban mejor.

Ayuda a prevenir poros obstruidos, puntos negros y granitos.

Doble limpieza según tu tipo de piel

❑ Piel grasa: aceite ligero + gel limpiador purificante.

❑ Piel mixta: aceite suave + espuma equilibrante.

❑ Piel seca: aceite nutritivo + crema limpiadora hidratante.

❑ Piel madura: aceite con antioxidantes + leche limpiadora.

❑ Piel sensible: agua micelar + limpiador suave sin fragancia.

¿Cuándo conviene hacer una doble limpieza?

Si usás maquillaje denso o de larga duración.

Si aplicás protector solar resistente al agua o mineral.

Si vivís en ciudades con alta contaminación ambiental.

Si tenés piel muy grasa o con tendencia acneica.

Cuando un solo limpiador no alcanza o uno fuerte te irrita.

Paso a paso de la doble limpieza facial

Aplicar un aceite o bálsamo limpiador sobre la piel seca o húmeda.

Masajear suavemente durante 30 a 45 segundos, incluso en ojos.

Enjuagar con agua tibia o retirar con un paño suave.

Aplicar el limpiador habitual (gel, espuma o crema) sobre la piel húmeda.

Enjuagar y secar sin frotar.

Continuar con el resto de la rutina facial.

Consejos clave para una doble limpieza efectiva

Usá productos suaves que no resequen ni irriten.

Evitá limpiar en exceso: una vez al día es suficiente.

Elegí productos adecuados a tu tipo de piel.

Aplicá sérum y crema después para potenciar los resultados.

Si la piel tira, arde o se enrojece, revisá la rutina.

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