Regreso de talentos a Venezuela y el impacto en Argentina
Edición Impresa | 15 de Enero de 2026 | 01:54
Por ALEJO JAVIER RODRÍGUEZ
Durante años, hablar de Venezuela fue hablar de salida. De irse. De sobrevivir. Según estimaciones coincidentes de organismos como ACNUR, el BID y observatorios regionales de migración, casi 8 millones de venezolanos emigraron en los últimos años, convirtiendo a la diáspora del país caribeño en una de las más grandes del mundo. Pero hay un dato que suele pasar desapercibido y que cambia por completo la conversación: alrededor de 3 de cada 10 de quienes se fueron son profesionales calificados.
Ingenieros, médicos, enfermeros, docentes, técnicos, emprendedores, especialistas en tecnología, líderes de equipos. Personas que hoy trabajan, producen y generan valor en Colombia, Panamá, Perú, Chile, Argentina, Estados Unidos y Europa. No se trata solo de una crisis migratoria. Se trata de una migración masiva de talento. Y ese dato es clave para pensar el futuro. Para pensar, y repensar, la prosperidad del país y su gente.
La posible apertura y reconstrucción de Venezuela -mirada desde lo socioeconómico y humano- no puede reducirse a infraestructura, inversiones o indicadores macro. La verdadera reconstrucción empieza por las personas. Por el trabajo. El talento.
Las mismas fuentes que alertan sobre la magnitud del éxodo coinciden en otro punto crítico: hoy Venezuela enfrenta una fuerte escasez de talento en sectores clave como salud, educación, energía, tecnología y servicios. Empresas locales y organizaciones productivas reportan dificultades crecientes para cubrir posiciones técnicas y profesionales. No porque no exista vocación, sino porque gran parte de ese capital humano está fuera del país. Ahí aparece una oportunidad histórica.
El fenómeno migratorio venezolano, generado por el éxodo ininterrumpido, no es solo una herida del pasado; puede ser el mayor activo del futuro. Millones de venezolanos se han formado en todos estos años en contextos internacionales, en países de todo tipo y color, aprendieron nuevas formas de trabajar, liderar, emprender y crear valor. Muchos no se fueron por elección, sino por necesidad. Y muchos -según relevamientos cualitativos de consultoras y universidades de la región- mantienen un fuerte vínculo emocional con su país y estarían dispuestos a regresar si existieran las condiciones mínimas de estabilidad, empleo y desarrollo. El desafío no es solo que vuelvan. El desafío es que quieran quedarse. Que sientan verdaderas condiciones de prosperidad para elegir regresar y quedarse.
Eso exige una transición distinta. Una transición humana del trabajo y del talento. Políticas de reinserción laboral. Reconocimiento de la experiencia adquirida en el exterior. Empresas que vuelvan a ser espacios de aprendizaje, de desafío y den previsibilidad de un futuro mejor.
Venezuela tiene algo extraordinario: millones de ciudadanos formados, resilientes, globales y con ganas de aportar. Con ganas de volver a confiar.
Porque cuando trabajar en tu propio país vuelve a ser sinónimo de un futuro mejor, las personas prosperan, las empresas y organizaciones crecen, y la sociedad avanza en su totalidad. ¿Será el momento de comenzar a ver este ciclo en el hermoso país de Venezuela?...
EL DESAFÍO TAMBIÉN SERÁ PARA ARGENTINA
Este proceso de eventual retorno del talento no será neutro para los países que, durante años, recibieron y absorbieron a gran parte de la población venezolana que migró.
En el caso de Argentina, miles de venezolanos se integraron al mercado laboral ocupando roles calificados y empresas de todo tamaño, además de una presencia muy visible en sectores como logística urbana y plataformas de delivery.
Su aporte fue clave para cubrir vacantes, sostener servicios y dinamizar actividades en un contexto de escasez de talento local en determinados perfiles.
Si se produjera una salida masiva o significativa de trabajadores venezolanos -producto de una mejora real de las condiciones en su país de origen- Argentina podría enfrentar un doble desafío: por un lado, la necesidad de reemplazar talento ya integrado y productivo; por otro, repensar políticas de formación, atracción y retención para evitar cuellos de botella en sectores estratégicos. No se trata de un problema migratorio, sino de una cuestión de gestión del talento a escala regional y nacional, que exigirá planificación, reconversión laboral y una mirada más estratégica sobre el futuro del trabajo.
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