Disputas en proceso y un mensaje cifrado para profundizar distancias
| 17 de Enero de 2026 | 20:14
En su primera reunión política pública del verano Axel Kicillof lanzó un anuncio que develó, al menos en parte, su estrategia nacional. “Hay que volver a hablar con los que dejamos de hablar”, lanzó ante sus interlocutores. Nunca mencionó a los destinatarios de esos futuros contactos, pero dejó en claro que la oferta presidencial que pretende encarnar no puede dejar sueltos a una serie de peronismos provinciales que con los años se han vuelto refractarios al kirchnerismo.
Esa hoja de ruta tiene, en principio, estaciones predeterminadas. El PJ cordobés y el salteño aparecen en la agenda del Gobernador. Son dos expresiones bien alejadas de la jefatura nacional de Cristina Kirchner y que Kicillof busca seducir en procura de darle volumen a una candidatura en ciernes.
Ese recorrido implica, a la vista de algunos funcionarios bonaerenses, ir transitando hacia una encrucijada política. El desafío de desdoblar las elecciones bonaerenses del año pasado y la construcción de un espacio propio, interpretan, fueron dos decisiones relevantes. Pero ahora, en el arranque decidido de una construcción de cara a 2027, creen que habría que dar señales de una distancia aún más concreta de la ex presidenta.
Kicillof se cuidó en la mencionada reunión de Villa Gesell de no ir a fondo en ese planteo. Pero al mismo tiempo pareció ratificar que la diferenciación del kirchnerismo no tiene vuelta atrás.
No parece, con todo, un escenario de fácil resolución. Acaso aquella primera definición de Kicillof de ir a buscar a los peronistas no K le impone la urgencia de estampar un gesto de autoridad política en su propio territorio. Es en ese punto donde cobra relevancia la pelea por la presidencia del PJ bonaerense.
El Gobernador, hasta el momento, se había desentendido de las cuestiones partidarias. Durante sus seis años de gestión la conducción del PJ siempre pasó por debajo de su radar e incluso consintió que Máximo Kirchner se quedara con el control de esa herramienta de poder. Los tiempos han cambiado y la pelea con La Cámpora no le permite darse el lujo de mantenerse indiferente frente a una interna peronista que habitualmente vio de soslayo.
Kicillof reclama que se le reconozca un liderazgo en la Provincia que el kirchnerismo no le concede. Exige que uno de los suyos se quede con la presidencia del PJ bonaerense para que esa herramienta partidaria esté en sintonía con sus aspiraciones nacionales.
El camporismo no encuentra motivos centrales para ceder, más aún cuando sueña con instalar un candidato a gobernador propio en 2027. El diálogo cortado acaba de disparar una directiva, si se quiere, preventiva: el kicillofismo instruyó a sus dirigentes distritales a que vayan armando listas ante la eventualidad de la pelea interna se desmadre y deba librarse en todos los territorios.
Hay quienes creen que se trata de un elemento de presión lanzado por el sector del Gobernador en busca de que el kirchnerismo ceda. Porque, en definitiva, la idea de que haya internas el 15 de marzo sólo es sostenida por un puñado de dirigentes. “¿Quién va a poner la plata que hace falta para organizar una elección en toda la Provincia?”, es la pregunta que, casi a modo de respuesta negativa, surge cuando se habla de la viabilidiad de llevar adelante estos comicios. Mientras tanto, el almanaque corre y la puja sigue abierta a tres semanas del vencimiento del plazo para la presentación de listas.
Hay otro asunto en danza que se mezcla entre la anhelada proyección nacional de Kicillof y su disputa con el kirchnerismo: es el que tiene que ver con el proyecto para que los intendentes puedan volver a ser reelectos indefinidamente. El Ejecutivo insiste en que se trate el tema no sólo como un gesto hacia los alcaldes peronistas que le reportan, sino también como una forma de exponer a los legisladores K a que blanqueen un rechazo que no termina de hacerse público.
El Gobierno provincial, mientras tanto, acaba de cerrar un paritaria con estatales y docentes. Un módico 4,5 por ciento para el bimestre diciembre-enero fue aceptado por los sindicatos y ahora los gremios volverán a ser llamados en febrero para negociar una mejora adicional.
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