Rampla Juniors necesita que vendan a Cristian Medina para pagar sueldos y apuran al "Patrón Foster"

Mientras el mercado de pases del fútbol argentino está activo, una escena caótica se está viviendo del otro lado del charco: hinchas, jugadores y directivos del Rampla Juniors le envían cartas a Foster Gillett, el empresario estadounidense que se metió con botas de punta en el fútbol rioplatense y de un momento a otro abandonó el barco. 

Todo comenzó con la llegada de Cristian Medina a Estudiantes de La Plata, un pase que Gillett apalancó pagando la cláusula de rescisión de 15 millones de dólares desde una cuenta propia y no desde el club comprador, lo que generó un terremoto de cuestionamientos y trámites burocráticos. Hoy, el pase pertenece al club rojiverde.

Pero la historia no termina en La Plata. En Uruguay, Rampla Juniors se quedó sin aire con las promesas incumplidas del magnate: entrenamientos improvisados, falta de pagos y hasta jugadores sin ni siquiera para el colectivo al entrenamiento. La promesa de que la venta de Medina traería dinero fresco para el club uruguayo quedó en un “algún día quizá”, según relataron con sorna los propios referentes del equipo.

El arquero Lucero Álvarez, con una mezcla de resignación y picardía, le habría dicho a Fernando Muslera -hoy arquero del Pincha- que le diga al “patrón Foster” que mande la plata que le debe cuatro meses, dejando entrever que la millonaria operación por Medina todavía no les llegó a los bolsillos. 

La situación en Rampla fue tan bizarra que se llegó a ver pintadas en las paredes contra el magnate con mensajes tipo “Foster Gillett, ¿la plata? 0 deudas pagas, 0 obras, 0 goles”, y una crítica filosa a la gestión que, según los hinchas, terminó con el club descendido -por primera vez en sus 111 años de historia-. 

Mientras tanto, en Estudiantes algunos murmuran que Medina podría terminar en el Botafogo de Brasil o incluso en Europa, sin dejar un peso al club de La Plata ya que su pase está en manos del grupo inversor. Esa incertidumbre alimenta aún más el reclamo desde Uruguay, donde se preguntan si al final todo esto no fue solamente una gran fiesta con promesas de champagne y después sirvieron agua con hielo.

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