Variaciones sobre “Pluribus”: ¿Se puede vivir en sociedad sin conflictos?
Edición Impresa | 22 de Enero de 2026 | 04:08
Por PEDRO GARAY
Es la tragedia del hombre: no poder contener su afán prometeico. En “Pluribus”, la nueva serie de Vince Gilligan, llega un mensaje del espacio exterior. Es una cadena de ADN. ¿Qué hacen sus descubridores? Encaprichados con crear las condiciones de su propia perdición, reproducen la cadena en un laboratorio y terminan infectados por una especie de virus que transforma todas las mentes en una sola mente colmena.
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El virus conecta los cerebros de (casi) toda la humanidad en una gigantesca mente única, y el resultado es un mundo feliz: todos los recursos se distribuyen de manera racional y efectiva, todos los problemas se resuelven de manera cooperativa, todos los esfuerzos son coordinados, como un amable ballet donde todos mansamente aceptan su rol.
El sueño de una sociedad sin conflictos, facilitado por esta especie de “inteligencia artificial” que ordena el caos humano.
Ahora, esta sociedad que impone la felicidad, esta armonía por decreto, ¿es real? ¿Es posible? Una pregunta que Aldous Huxley ya había hecho con “Un mundo feliz”, aunque allí las grietas en el relato oficial eran mucho más palpables: en el nuevo mundo de “Pluribus”, todos parecen estar verdaderamente contentos, pero esta sociedad comunal, comunista, ¿es una distopía o una utopía?
Hay algo inquietante en las sonrisas de los individuos bajo el influjo de la mente colmena. Su amabilidad y complacencia recuerda a los espeluznantes modales programados de Chat GPT, otro invento que la humanidad creó para que lo reemplace. La mente colmena avanza de la misma manera sobre la sociedad: aquellos que no fueron convertidos son convencidos, de manera suave, para unirse al maravilloso mundo donde todos son uno. Sonriendo, con cariño, pero avanzan a la conquista de todo.
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El mundo que plantea Gilligan, el creador de “Breaking Bad”, en su nueva serie, es uno de extremos: es el individuo contra el colectivo. Justo en un momento donde el enemigo comunista vuelve a sobrevolar por el mundo occidental, a menudo como excusa para avances imperialistas, a menudo de manera casi caricaturesca. Libertad o sumisión a un colectivismo gris sin lugar para la individualidad.
Pero si “Pluribus” parte de estos extremos y parece repetir algunos de los fantasmas que flotan en EE UU sobre las sociedades socialistas, en su camino encuentra interesantes matices, giros que incomodan la interpretación lineal. Carol, nuestra heroína, la única en el mundo que parece querer volver al estado de cosas anterior, “salvar” a la humanidad de esa nueva evolución, no se lleva bien con los otros pocos humanos que no fueron contagiados. Y a la vez, necesita ayuda, no puede valerse por sí sola, y se la pide a los invasores. Y las abejas de la mente colmena parecen empezar a expresar algunos pequeñísimos gestos de individualidad.
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En ese mismo recorrido, Gilligan parte con Carol Sturka como heroína. Una heroína acorde al mito norteamericano del “self made man” (bueno, woman), la típica protagonista del cine yanqui: vaquera solitaria, sola contra un sistema injusto.
Pero también planta la semilla de la duda: Carol lucha por la autonomía, por conseguir que los cooptados por la mente colmena piensen por sí mismos, pero, ¿y si su cruzada es contra la justicia, no contra la injusticia? ¿Y si Carol es en realidad la subversión del típico héroe individualista?
Gilligan parece por momentos inclinarse por un bando, pero, al menos hasta ahora (solo se emitió la primera parte, y hay una segunda temporada en marcha), deja todos estos significantes abiertos: ¿qué quiere decir “Pluribus”? Decidan ustedes. Lo que parece querer el creador de la serie es despertar, otra vez, ese viejo debate entre la sociedad y el individuo, pero actualizándolo para tiempos de inteligencias artificiales e imperialismos que resurgen.
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