La fe no se quiebra frente a una cárcel en Venezuela

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Con pequeñas carpas, colchones a la intemperie y una fe que se niega a quebrarse, familiares de presos políticos se instalaron a las afueras de la cárcel El Rodeo I, en Venezuela, a la espera de la liberación de sus seres queridos. Entre la impaciencia y el optimismo, conviven desde hace semanas frente al penal, aferrados a la promesa oficial de excarcelaciones tras la captura de Nicolás Maduro en una incursión estadounidense el pasado 3 de enero.

Al menos 80 detenidos por razones políticas fueron liberados el domingo, según la ONG Foro Penal, aunque organizaciones de derechos humanos advierten que aún hay cientos de personas encarceladas y que el proceso avanza lentamente. “Ahora todos somos familia”, dice Aurora Silva, esposa del dirigente opositor Freddy Superlano, detenido en julio de 2024 tras protestas contra la reelección de Maduro.

Desde el 8 de enero, las familias se organizaron para vivir juntas a unos 50 kilómetros de Caracas. Comparten comida, agua, electricidad y oraciones.

Entre las carpas, una silla de peluquería se convirtió en símbolo de dignidad y esperanza. Allí, Melva Vázquez, de 69 años, madre de un preso desde hace cinco meses, se arregla el cabello para que su hijo no la vea “deteriorada”. “Tenemos fe de que va a salir”, repite.

La peluquera Liliana Palacios llega cada día sin cobrar nada. Lava, corta el cabello y lleva café o sopa. “Queremos que cuando los vean salir, los vean bellos”, explica. Bajo una lona, otros familiares cocinan juntos mientras reparten tortas y palabras de aliento.

Para Lorealbert Gutiérrez, de 19 años, madre de dos niños pequeños, la espera es una forma de resistencia. Su pareja y su hermano están presos desde agosto. “Hasta que no los vea afuera, no me voy”, promete. Afuera del penal, la fe sostiene lo que la incertidumbre intenta quebrar.

 

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