EE UU pisa el freno eléctrico y arriesga su liderazgo automotor

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Estados Unidos está quedándose atrás en la carrera mundial de los vehículos eléctricos, y ese retraso puede resultar muy costoso para su industria automotriz. La señal quedó clara en el Salón del Automóvil de Detroit de 2026, donde los autos eléctricos dejaron de ser los protagonistas. En su lugar, las automotrices apostaron por modelos híbridos, motores a nafta mejorados y cambios graduales. Detrás de ese giro hay una realidad concreta: Ford y General Motors anunciaron fuertes pérdidas vinculadas a sus planes de electrificación, por miles de millones de dólares, y comenzaron a frenar o postergar inversiones.

Mientras Estados Unidos desacelera en el sector, gran parte del mundo avanza. En 2025, las ventas globales de vehículos eléctricos crecieron un 20% y superaron los 20 millones de unidades.

China lideró con casi 13 millones, Europa registró un fuerte avance y varios países emergentes, como Vietnam, Tailandia e Indonesia, ya muestran una adopción a estos vehículos mucho mayor que la estadounidense. En cambio, en Estados Unidos el crecimiento fue casi nulo y los autos eléctricos representaron menos del 10% de las ventas totales.

Este retraso no solo tiene impacto ambiental, sino también industrial. Producir menos vehículos eléctricos implica precios más altos, menos avances en baterías y software, y una pérdida de competitividad frente a fabricantes extranjeros. Tesla, emblema del liderazgo estadounidense, vio caer sus ventas y ganancias, mientras la china BYD se convirtió en el mayor productor mundial.

La política también influye. Desde su regreso al poder, Donald Trump redujo incentivos y normas que impulsaban la electrificación, mientras Europa, China y varios países en desarrollo mantienen subsidios, créditos fiscales y reglas claras para atraer inversiones.

En una industria donde el volumen es clave para bajar costos, producir menos hoy puede significar depender de otros mañana.

La escena de Detroit funciona como advertencia: si Estados Unidos no trata a los vehículos eléctricos como una transición industrial estratégica, corre el riesgo de perder empleos, tecnología y liderazgo en un sector que ayudó a crear, y terminar importando el futuro de la movilidad.

 

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