El nuevo indicador de la inflación le da más peso a las tarifas y los servicios

El cambio cierra un proceso técnico y deja atrás la estructura de ponderaciones basada en 2004/05 para adaptarlas a la actualidad

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Esteban Pérez Fernández

eperezfernandez@eldia.com

El Instituto Nacional de Estadística y Censos publicará desde febrero de 2026 el Índice de Precios al Consumidor con la canasta que surge de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18. El cambio cierra un proceso técnico y deja atrás la estructura de ponderaciones basada en 2004/05. No se trata de un índice distinto, sino de una medición que refleja con mayor precisión cómo gastan hoy las familias argentinas y qué rubros presionan con más fuerza sobre el costo de vida.

La modificación altera la “foto” del consumo. El rubro Alimentos y Bebidas no Alcohólicas pierde peso relativo, mientras que los Servicios ganan participación. Ese giro redefine la sensibilidad del IPC frente a distintos movimientos de precios y cambia la lectura de la inflación mensual.

En la metodología que queda atrás, los alimentos funcionaban como principal motor del índice. Carnes, verduras, panificados y aceites tenían una incidencia decisiva, con fuerte exposición a factores climáticos y a los valores internacionales de los commodities. La nueva canasta reduce esa dependencia. El IPC queda menos atado a saltos estacionales en frutas o a subas puntuales en la carne. A la vez, incorpora con mayor presencia alimentos procesados, donde pesan más la industria, la logística y la comercialización.

El mayor vuelco aparece en Servicios. En varias regiones, su participación sube cerca de diez puntos porcentuales. El índice se vuelve más rígido. Cada ajuste en electricidad, gas o agua impacta con más potencia en el nivel general. Un aumento del 10 por ciento en tarifas que antes sumaba 0,41 puntos al IPC, con la nueva estructura aporta 0,54. La diferencia parece acotada, pero define brechas en la comparación mensual y anual.

Este cambio también amplía la influencia de decisiones oficiales. Las tarifas reguladas pasan a ocupar un lugar central. El Gobierno de turno cuenta con una herramienta más directa para incidir en el ritmo del índice, según el calendario de ajustes que habilite. La política tarifaria adquiere un peso estadístico mayor que en la base anterior.

Los servicios privados y la conectividad refuerzan esa tendencia. Internet, telefonía móvil, plataformas digitales y abonos de datos forman parte de gastos que las familias sostienen aún con pérdida de ingreso real. Muchos de esos consumos tienen precios atados al dólar o a costos externos. La nueva canasta conecta así la inflación con la dinámica cambiaria de forma más visible.

Transporte también gana terreno. Su ponderación sube de 11,6 a 14,3 por ciento. Combustibles y boletos vinculan el IPC con el petróleo y con la política de subsidios. Cada movimiento en esos frentes repercute con más claridad en el número final.

El efecto concreto depende de qué rubros lideren las subas. Si los servicios avanzan por encima de los bienes, el nuevo índice marca una inflación más alta que la que hubiera arrojado la base 2004/05. Ese escenario se observó en etapas de recomposición de tarifas y combustibles. En cambio, ante un shock fuerte en alimentos, la nueva canasta tiende a moderar el impacto. Un alza del 10 por ciento en la carne sumaba 1,07 puntos en el esquema anterior; ahora aporta 1,03.

La consultora Qualy, que procesó series históricas con la nueva estructura, detectó que entre 2019 y 2023 el IPC con base 2017/18 hubiera mostrado tasas levemente menores que las publicadas, con una brecha promedio de 2,2 puntos anuales. En los dos últimos años, con mayor presión de tarifas y servicios, la relación se invierte y la nueva canasta podría exhibir registros hasta 3,8 puntos anuales superiores, sostienen.

En contextos de recesión, los precios de bienes pueden frenar su marcha, pero alquileres, prepagas, educación privada y servicios públicos sostienen ajustes con contratos o decisiones administrativas.

Esa estructura dificulta descensos rápidos en la inflación mensual. El recambio de canasta no implica que la inflación previa estuviera mal medida. Sí implica que el peso de cada precio reflejaba con menor precisión el gasto actual de los hogares. En la acumulación de varios años, la diferencia total entre ambas mediciones resulta pequeña.

 

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