Por un desarrollo pacífico de los festejos de Carnaval
Edición Impresa | 12 de Febrero de 2026 | 02:33
Si bien los días centrales de los carnavales en nuestro país son el lunes 16 y el martes 17 de febrero, que conformarán un fin de semana largo de cuatro días junto al sábado y domingo –ya que esas fechas se convirtieron en los últimos años en feriados nacionales- en nuestra zona los festejos se iniciaron con la presencia de murgas, batucadas, comparsas y fiestas barriales.
El dato promisorio es que tales celebraciones se vinieron desarrollando sin actos de violencia, con un sano protagonismo vecinal, en Tolosa, en Abasto, en Melchor Romero y en otros lugares programados para estas jornadas como los de Arana. En esos encuentros fue destacable la gran cantidad de colectivos culturales que participaron.
En el informe detallado en este diario, se puso de relieve que en Magdalena, Atalaya, Bavio, Vieytez y Brandsen también se desarrollarán los típicos encuentros de Carnaval.
Está claro que la realización de los corsos en las distintas localidades de la Región obligan a las autoridades a velar por el cumplimiento de las reglamentaciones establecidas, en lo que concierne básicamente a garantizar un normal desarrollo.
La experiencia reunida en muchos años enseña que, de no contarse con fiscalizaciones, reglamentaciones e inspecciones, pueden producirse desbordes impropios, ajenos a las aspiraciones populares de disfrutar sanamente de una fiesta con tanta tradición.
Corresponde señalar que algunas de las experiencias anteriores obligan a las autoridades a actuar con celo y sentido preventivo.
Desde luego que los carnavales fueron siempre una de las más tradicionales fiestas populares, aunque luego decayeron, acaso por una carga creciente de agresividad que convirtió a los corsos en escenarios propicios para incidentes.
Se llegó, por último, a una instancia de verdadera decadencia y abandono, a manos de las nuevas generaciones que no incorporaron el espíritu de los carnavales a su cultura.
También fue inocultable que, detrás del colorido de los corsos, se desarrollaron negocios redituables, pero abusivos. Se empezó a cobrar en forma ilegítima entradas a la gente, se instalaron kioscos de venta con costos mínimos y con precios de venta altos. Se permitió, muchas veces, el cercado de calles selectivas –esto es, concentradoras de mucho tránsito- para la realización de estas fiestas. Se originaron, también, ruidos molestos para los vecinos.
De allí la necesidad de que se vayan revisando las políticas sobre estas expresiones, de manera de poder conjugar la vocación de una parte de la población por estas fiestas populares con los legítimos derechos de los vecinos afectados, y sin ceder exclusivamente a los intereses de algunos organizadores de estos espectáculos.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE