La Plata latió al ritmo de los hinchas: banderazo, previa y un recibimiento inolvidable

Una ciudad dividida en dos se movilizó desde temprano, desde la despedida de los simpatizantes de Estudiantes desde el Country, hasta la gran fiesta en el estadio, marcaron una jornada para el recuerdo del evento deportivo más importantes para los platenses

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Otra vez el clásico entre Gimnasia y Estudiantes paralizó la Ciudad. Tras los festejos por el Día de los Enamorados, la capital de la Provincia de Buenos Aires amaneció teñida de azul y blanco, con pinceladas rojiblancas que también se hicieron sentir desde temprano. Porque en La Plata, cuando hay clásico, no se trata solo de fútbol: se trata de identidad, pertenencia y una pasión que atraviesa generaciones.

Desde los distintos barrios, los hinchas comenzaron a movilizarse varias horas antes del partido. En zona norte, pasado el mediodía, la familia albirroja se reunió en el Country Club de City Bell para despedir al plantel antes de su partida hacia el Bosque. Banderas, bombos y cánticos acompañaron la salida del micro en un clima de fiesta, pese a las lluvias que habían caído durante la mañana. El mal tiempo no fue excusa. El pincherío dijo presente igual en el predio Mariano Mangano para el tradicional banderazo y para empezar a palpitar el encuentro más esperado.

El saludo de José Sosa a los hinchas del Pincha / Prensa EDLP

Al mismo tiempo, en la otra punta de la Ciudad, el Bosque comenzaba a transformarse en el escenario central de la jornada. Desde las primeras horas, el gran pulmón verde se tornó color albiazul. Puestos de comida, parrillas encendidas y grupos de amigos coparon las inmediaciones del estadio, con bebidas espirituosas, para acompañar la clásica previa. La ansiedad se respiraba en cada rincón mientras los simpatizantes aguardaban la apertura de puertas, que se produjo a las 14.00.

Algunos hinchas autorizados ingresaron antes para colgar las banderas que le dieron marco al estadio Juan Carmelo Zerillo. Entre ellas, una destacó por su mensaje y ubicación sobre la platea Néstor Basile: “No nos vieron nacer, jamás nos verán morir”, acompañada por la fecha de fundación del club. Un símbolo más de la mística tripera en una tarde especial.

Los simpatizantes de Estudiantes en la previa del clásico platense, al momento de salir del country / Diego Riquelme

Con el correr de los minutos, el estadio se fue poblando y el cancionero mens sana comenzó a sonar con fuerza. La llegada del plantel fue uno de los momentos más emotivos: aplausos, gritos y teléfonos en alto acompañaron el ingreso de los jugadores, mientras desde la tribuna que da a las facultades bajaba una ovación cerrada.

Humo y bengalas para recibir al equipo de Gimnasia. Furor en la tribuna del Bosque / Iván Campos

Cuando los futbolistas salieron al campo para realizar los movimientos precompetitivos, el clima ya era de ebullición. La expectativa, el nerviosismo y el folklore futbolero se mezclaron en un combo que solo el clásico puede ofrecer. El recibimiento estuvo a la altura de la cita: una marea azul y blanca cubrió las tribunas y tiñó el cielo del Bosque con humo y bengalas.

Algunos hinchas pinchas vivieron el clásico en bares / Diego Riquelme

Aunque Aprevide prohibió el uso de fuegos artificiales dentro del estadio, los estruendos se hicieron sentir desde el exterior. Las bombas de humo, el despliegue de banderas y el aliento constante fueron los grandes protagonistas de los minutos previos.

Así, una vez más, La Plata vivió su rito mayor. Porque el clásico no es solo un partido: es una jornada que transforma la rutina, altera el pulso de la Ciudad y convierte cada rincón en un escenario de pasión.

Despedida del plantel de Estudiantes en el Country Club / @edelp

 

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