Atacar, atacar, atacar: Trump desafía a la Corte Suprema y aplica aranceles más altos
| 21 de Febrero de 2026 | 18:05
Le dijeron que no. Y respondió con más presión. Atacar, atacar, atacar, fiel a una de sus máximas.
El presidente estadounidense Donald Trump anunció que elevará del 10% al 15% el arancel global a las importaciones, apenas horas después de que la Corte Suprema determinara que no podía invocar poderes de emergencia para imponer gravámenes amplios sin autorización clara del Congreso.
“Basándome en una revisión exhaustiva, detallada y completa de la ridícula, mal redactada y extraordinariamente antiestadounidense decisión sobre aranceles emitida” el viernes, escribió Trump en su red Truth Social, confirmando que no piensa retroceder.
El fallo fue contundente: por 6 votos contra 3, el máximo tribunal sostuvo que el presidente no tiene facultades ilimitadas para avanzar con aranceles invocando una emergencia económica. Pero la respuesta presidencial fue aún más contundente.
El atajo para eludir al Congreso
El viernes por la noche, Trump firmó una orden ejecutiva que le permitía imponer un arancel global del 10% durante 150 días, utilizando otra vía legal para esquivar el bloqueo judicial. Ahora, con su nuevo anuncio, ese porcentaje trepa al 15%.
La medida, en principio, regiría desde el 24 de febrero y tendría carácter temporal, salvo que el Congreso decida prorrogarla. Es un margen suficiente para volver a tensar el comercio global.
Además, el mandatario dejó en claro que no se quedará ahí: también impulsa aranceles a través de otras secciones de la ley federal que requieren investigaciones del Departamento de Comercio. Es decir, la ofensiva puede multiplicarse por varios frentes.
Mercados en alerta, aliados inquietos
Durante el último año, los anuncios cambiantes de Trump -subiendo aranceles, bajándolos, amenazando con nuevos impuestos comerciales- sacudieron a los mercados internacionales y generaron incertidumbre entre socios estratégicos.
El nuevo aumento al 15% es leído como una señal inequívoca: el presidente está dispuesto a utilizar su herramienta favorita, los aranceles, como mecanismo de presión global y como símbolo político interno.
La guerra comercial, lejos de moderarse tras el fallo, parece intensificarse.
Ataque personal a los jueces
La tensión escaló también en el plano institucional. Trump lanzó un ataque inusualmente personal contra los jueces que fallaron en su contra, incluidos dos designados por él mismo durante su primer mandato: Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett. “Creo que es una vergüenza para sus familias”, dijo en conferencia de prensa.
La furia continuó en redes sociales, donde apuntó contra Gorsuch, Coney Barrett y el presidente de la Corte, John Roberts, quien redactó la opinión mayoritaria.
En contraste, convirtió en “nuevo héroe” al juez Brett Kavanaugh, autor de un voto disidente de 63 páginas. También elogió a Clarence Thomas y Samuel Alito, los otros magistrados en minoría. “¡Nadie duda que quieren HACER GRANDE A ESTADOS UNIDOS OTRA VEZ!”, escribió.
Reembolsos millonarios y posible caos legal
El fallo judicial abre además un frente delicado: la posibilidad de que empresas reclamen la devolución de aranceles ya pagados.
En 2025, los gravámenes alcanzados por la decisión de la Corte superaron los 130 mil millones de dólares, según estimaciones de analistas. Una cifra que podría convertirse en un terremoto fiscal si prosperan las demandas.
Uno de los jueces disidentes advirtió que la sentencia no aclara cómo debería proceder el gobierno ante eventuales reembolsos. “Será un caos”, alertó.
Trump minimizó el tema, pero la amenaza de litigios prolongados planea sobre la Casa Blanca.
Para Trump, los aranceles no son solo una política económica: son un mensaje político, un gesto de fuerza y una herramienta de negociación.
El fallo de la Corte Suprema buscó imponer límites. La reacción presidencial fue exactamente la contraria: acelerar, endurecer, presionar.
La pregunta ahora no es si habrá más aranceles, sino hasta dónde está dispuesto a llegar el presidente en su pulso con los jueces, el Congreso y el resto del mundo.
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