Se va dejando copas y un sello imposible de olvidar

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Martín Mendinueta

@firmamendinueta

Por supuesto que la vida de Estudiantes continuará con su rica historia, un presente competitivo envidiable y el futuro cargado de dulces expectativas, pero es lógico que los hinchas sientan algo de pena por el abrupto punto final de una era tremendamente positiva.

Eduardo Domínguez construyó en casi tres años de trabajo una identidad eficaz y seductora que encajó perfectamente con la idiosincrasia pincharrata.

Criado en Vélez, identificado con Huracán y campeón con Colón de Santa Fe, llegó a City Bell sin un solo rasgo que lo acercara al ADN albirrojo. Sin embargo, rápidamente irradió seriedad, supo generar credibilidad y empezó a demostrar idoneidad para conducir al plantel de turno.

Vestido casi siempre de negro, no tan locuaz, serio, siempre familiero, nunca soberbio y empático con cada uno de los empleados del club, el “Barba” se hizo querer.

Perceptivo, entendió rápido que la historia estudiantil mantiene un hilo conductor sostenido por el esfuerzo y lo unió a su apetito de gloria voraz. El deseo por ganar títulos se adosó naturalmente a la estirpe ganadora de una institución cada día más fuerte.

Armó tres planteles, reinventó defensas, mediocampos y líneas de ataque. Levantó cinco trofeos, creció él e hizo crecer a sus dirigidos. Fue cercano, pero no meloso ni “vende humo” con los hinchas. Por todo lo descripto y bastante más, está sentado a la mesa de los grandes directores técnicos de la historia roja y blanca.

¿Tuvo malos momentos? Claro que sí, pero nunca dio la sensación que la bronca popular le pasara por un costado. La última gran demostración fue hace poco, después de un mal partido que terminó en empate frente a Defensa y Justicia en Florencio Varela. Un “rato” después de haber sumado la quinta estrella fue a la conferencia de prensa y sentenció: “no vamos a repetir una actuación así. Como estuvimos hoy, nunca más”. Después de eso volvió a UNO y venció a Deportivo Riestra recuperando los rasgos habituales.

El último semestre del almanaque anterior quedará como el punto culminante de un ciclo difícil de superar. La historia que nació en aquel impecable pasillo de espaldas al disparate dirigencial de la AFA terminó en un título digno de una película. El equipo de andar irregular que ingresó a la sala VIP gracias a tres resultados concatenados, luego se transformó en un campeón que la bibliografía Pincha siempre recordará con amplia sonrisa.

Sebastián Verón no tuvo una magnífica relación con él y, sin embargo, advirtió, hace ya bastante (por ejemplo en aquel partido ante Huracán), que los hinchas lo quieren en serio. La despedida de ayer, muy merecida por cierto, fue organizada por el club con una lectura muy acertada de la atmósfera que iba copar el escenario.

dejó la puerta abierta para cuando quiera regresar

El monólogo final sentado frente a un micrófono fue tan sentido como medido. Se fue bien. Muy bien. Agradeciendo y sabiendo que podrá regresar cuando coincidan sus ganas con el deseo de quien esté gobernando.

Así como su estadía tuvo cimbronazos y tensiones internas fáciles de recordar, lo que se vivió ayer significó el mejor broche para tan fructífero lapso.

¿Lo consensuaron incluyéndolo como parte de una negociación económica ? Quizás. Puede ser. Lo importante es que los socios que fueron al estadio disfrutaron y fueron valiosos partícipes de una jornada que estuvo a la altura del club que los contiene.

El “Barba” partió. Lo esperan en Brasil. Aquí los Pinchas lo van a extrañar.

 

Por algo la gente lo ovacionó. Fue un Sr. de comportamiento ejemplar dentro y fuera de la cancha

 

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