El crudo diagnóstico platense sobre el rebrote de tos convulsa
Edición Impresa | 23 de Febrero de 2026 | 03:10
El aumento de casos de tos convulsa volvió a encender las alertas sanitarias en el país y en la provincia de Buenos Aires, en un contexto marcado por el descenso sostenido de las coberturas de vacunación. Según informó el Ministerio de Salud de la Nación en su último Boletín Epidemiológico, en las primeras semanas de 2026 se registró un incremento de notificaciones en comparación con el mismo período del año pasado, con mayor impacto en niños.
La tos convulsa —también conocida como coqueluche— es una enfermedad infecciosa bacteriana causada principalmente por Bordetella pertussis. Es altamente contagiosa y puede resultar grave en lactantes, sobre todo en menores de seis meses que aún no completaron su esquema de inmunización. En adolescentes y adultos suele manifestarse como una tos persistente sin fiebre, lo que muchas veces retrasa el diagnóstico y favorece la transmisión.
En ese escenario, la infectóloga platense Silvia González Ayala advirtió que uno de los puntos más sensibles es la vacunación durante el embarazo. “Hay una vacuna clave para proteger al recién nacido y al lactante en los primeros seis meses de vida, que es la que se aplica a partir de las 20 semanas de edad gestacional”, explicó. Esa dosis permite que la madre genere anticuerpos que luego transfiere al bebé, reduciendo el riesgo de formas graves y muerte.
Según detalló la especialista, los datos de 2025 muestran que todas las muertes registradas por la enfermedad ocurrieron en menores de dos años no vacunados y, en el caso de los bebés de menos de seis meses, eran hijos de madres que no habían recibido la inmunización durante el embarazo. “Esto es terrible”, afirmó.
El esquema de vacunación contra la tos convulsa comienza a los dos meses de vida, con dosis a los 2, 4 y 6 meses, un refuerzo en el segundo año, otro al ingreso escolar (5 años) y una nueva dosis a los 11 años. Sin embargo, las coberturas vienen en descenso, tanto en niños pequeños como en adolescentes, un grupo que históricamente presenta dificultades para completar el calendario.
Para González Ayala, el problema no puede atribuirse exclusivamente a las familias. “La falencia más grande está en los miembros del equipo de salud. Cuando la persona concurre por cualquier motivo, no se pregunta por las vacunas, no se controlan ni se recomienda iniciar o completar esquemas.”, sostuvo.
La especialista remarcó además que en la provincia no hay faltante de dosis. “No es que falten vacunas. Las vacunas están, pero en el puesto no sirven: tienen que estar en el brazo de la persona”, graficó. Y planteó la necesidad de reforzar el trabajo territorial, ampliar horarios en los vacunatorios y coordinar acciones con las escuelas, especialmente ante el inicio del ciclo lectivo.
En ámbitos como jardines y colegios, esto se vuelve más peligroso. De allí que los especialistas insistan en la importancia de controlar certificados e inmunizarse.
Por su parte, desde el Ministerio de Salud recuerdan que, para combatirla, se debe completar el calendario nacional con las vacunas gratuitas y obligatorias.
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