Reflexiones sobre la UNLP: el reformismo conservador

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Raúl Adolfo Pessacq * Rolando Rivera Pomar **

Desde hace 20 años la Universidad Nacional de La Plata consolidó un modelo político e institucional con un rumbo invariable, sostenido por un coherente grupo de funcionarios casi perennes. Este modelo, acompañado por cada uno de sus claustros, parece conformar a todos. Esta unanimidad y permanencia de un sector político sin oposición es quizás el motivo por el cual no se perciban ineficiencias y problemas, y no se advierta que la Universidad es parte de la decadencia educativa general del país.

La enseñanza de grado y el otorgamiento de títulos profesionales, su principal función junto a la creación de conocimiento, no cumplen, objetivamente, con los mejores estándares de calidad. Las razones de esto pueden ser externas, pero, en gran parte son responsabilidad de la propia Universidad.

El ingreso irrestricto de estudiantes con mala formación básica es uno de los motivos. La Universidad no debe resolver las deficiencias de los primeros ciclos de enseñanza, aunque pueda ayudar a la adaptación al ámbito universitario. Las opciones de gastar tiempo y dinero en cubrir ineficientemente los déficits educativos externos o permitir una disminución de la calidad académica y, en consecuencia, de la de sus egresados no son soluciones viables; sin embargo, en nuestra opinión, ambas cosas ocurren.

El pedido de aumento del presupuesto es siempre la aparente solución al incremento sostenido de estudiantes y a la necesidad de mantenerlos dentro del sistema universitario aun sin estar capacitados, dada la tolerancia infinita con aquellos que no cursan o no rinden exámenes regularmente. El presupuesto resultará siempre insuficiente para aumentar con contratos interinos una planta docente con cada vez peores salarios o la multiplicación de tareas de los docentes ordinarios para sostener cursos masivos. Tampoco revertirá déficits de infraestructura para el dictado de los cursos, no tanto en aulas como en equipamiento. La masificación indiscriminada, con un engañoso número de estudiantes, lleva a tener docentes empobrecidos y peores condiciones educativas que se reflejan en una baja relación de egresados con respecto a ingresantes.

Un Consejo multitudinario

Desde el punto de vista institucional, los más de 100 miembros del Consejo Superior son una demostración de que la Universidad es una federación de facultades y que así no pueden funcionar con eficiencia ni permitir discusiones adecuadas, pues las sesiones serían interminables e improductivas. El número de miembros del Consejo Superior debería disminuir, tal como era en sus orígenes y como lo es en otras universidades nacionales.

La Asamblea es un órgano que debería reformular el Estatuto de la Universidad y en consecuencia a sí misma, restaurando el voto secreto para la elección del Presidente y limitando las reelecciones de autoridades y las artimañas implementadas para mantenerlas, permitiendo solo una reelección para los cargos de Presidente y Decanos, para posibilitar la renovación de ideas.

Desde el aspecto de la gobernanza, la exuberante burocracia política y administrativa que se ha incrementado año tras año en el Rectorado y en los Decanatos, es una muestra representativa del Estado gigante, de funciones innecesarias o superpuestas que generan gastos evitables, impiden el trabajo eficiente y desperdician recursos humanos.

Transparencia

Las prioridades en el gasto no están adecuadamente definidas y, a pesar del presuntuoso “Plan Estratégico”, la Universidad realiza y financia actividades que no le competen. Un ajuste drástico otorgando énfasis en lo académico, debería ser una acción elemental. Por otro lado, la Universidad debe ejecutar su presupuesto con transparencia, así como las Fundaciones que integra, pues el hecho real de que una fundación no es un ente público, no es motivo para que la Universidad no haga públicas sus acciones, dado que son funcionarios universitarios quienes las presiden.

La oferta académica debe ser eficiente y suficiente, pues la propuesta de carreras no puede sea infinita, sino ajustada en base a la demanda del mercado o a decisiones estratégicas de la Universidad, independientes del mercado, en ejercicio de la autonomía bien entendida, implementando títulos intermedios y carreras cortas, con salida laboral, como parte de un tronco central. Los cursos de especialización profesional deberían ser una de las respuestas a las nuevas necesidades laborales.

Se necesita, en nuestra opinión, una discusión abierta en el seno de la Asamblea, en la que la Universidad se cuestione a sí misma y se solicite un plan de acciones concretas a quién resulte electo Presidente. En vista de la reunión de la Asamblea para la elección de nuevas autoridades, habiéndose generado, aparentemente, el consenso que rige en la Universidad desde hace años, no esperamos un debate de distintas ideas, modelos o alternativas - sea cual sea su posición o idea -. Aún así ¿Planteará algún asambleísta las cuestiones sobre el ingreso, el nivel académico, el tamaño de la burocracia o la transparencia del uso de los recursos? ¿Propondrá algún asambleísta que el Congreso Nacional elimine los artículos que establecen el ingreso irrestricto y la gratuidad de los estudios para hacer valer una verdadera autonomía en la que cada Universidad y sus Facultades determinen las condiciones de admisibilidad y financiamiento? ¿O es condición del consenso callar estos temas?

Un debate que ya no está

Nuestra Universidad parece haber dejado de ser un ámbito del intercambio de opiniones, de discusión de ideas, de interpretación de la realidad desde distintos puntos de vista con la más absoluta libertad de expresión en un marco de respeto mutuo, aun los más opuestos, sin censura previa ni cancelaciones. Paradójicamente, la universidad del consenso se percibe a sí misma como reformista pero termina siendo reaccionaria y conservadora, porque parece no poder pensar sin atarse a dogmas o verdades inmutables. Nuestras opiniones, que expresamos aquí a contramano del presunto consenso, no pretenden ser una verdad, sino una propuesta abierta a críticas, apoyos y rechazos, una necesaria discrepancia en el statu quo establecido y, en apariencia, inalterable.

* Ing., Profesor y Rector Normalizador

** Dr. en Bioquímica. Profesor e Investigador

“La masificación indiscriminada lleva a más docentes empobrecidos y peores condiciones educativas”

 

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