Del proyecto “Puerta de Hierro” al aislamiento

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Denise Chmois

eleconomista.com.ar

A medida que avanza el cumplimiento de su condena, Cristina Kirchner pierde centralidad en la política argentina y su aislamiento se profundiza. En el Congreso, los bloques que le responden se achican ante legisladores que ya no aceptan su conducción. En paralelo, Axel Kicillof ordena el armado nacional con vistas a 2027 y, según la opinión pública, ya encabeza el liderazgo opositor.

El domicilio de San José 1111, que en un inicio fue comparado con Puerta de Hierro -símbolo del liderazgo a distancia de Juan Domingo Perón durante su exilio-, opera más como aislamiento que como base de operaciones.

Tras recibir a nueve economistas que le acercaron propuestas sobre un modelo económico nacional, la Justicia restringió en noviembre el régimen de visitas: fijó un máximo de dos horas, dos veces por semana y hasta tres personas por encuentro, con excepción de familiares, médicos y abogados. Días atrás, la Cámara de Casación ratificó esa decisión.

En ese contexto, la expresidenta redujo su exposición pública. Tras un año de mensajes y cartas de alto voltaje en X -que llevaban incluidas referencias a la interna con Kicillof- lleva más de dos meses sin pronunciarse sobre temas nacionales.

La internación que atravesó por apendicitis e íleo posoperatorio, que se extendió durante dos semanas, reforzó ese repliegue. No intervino personalmente siquiera ante la aprobación de la reforma laboral, un triunfo clave del Gobierno y un golpe simbólico al peronismo, fuerza que históricamente se presentó como abanderada de los trabajadores.

Recién el lunes el Partido Justicialista difundió un comunicado contra la reforma: “No es modernización. No es actualización. Es retroceso”. El texto no lleva la firma de Cristina Kirchner, aunque preside el partido a nivel nacional.

La crisis en el Senado

En el Senado, cámara tradicionalmente favorable al peronismo, el PJ atraviesa uno de sus momentos más frágiles. El interbloque Popular reunía 28 bancas: 21 del bloque Justicialista -los más alineados con la conducción partidaria-, cinco de Convicción Federal y dos del Frente Cívico por Santiago.

Sin embargo, tres integrantes de Convicción Federal -Carolina Moisés (Jujuy), Sandra Mendoza (Tucumán) y Guillermo Andrada (Catamarca)- rompieron alentados por los gobernadores peronistas Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca), peronistas de perfil dialoguista con la Casa Rosada. Así, el interbloque Popular quedó reducido a 25 senadores.

El malestar quedó expuesto en redes. Sáenz apuntó contra “la pyme familiar” de la expresidenta que, según denunció, decide desde Buenos Aires las autoridades partidarias en las provincias y cuestionó las intervenciones y sanciones definidas por la conducción nacional. “Vuelvan al Partido de la Victoria, no sigan destruyendo al PJ. Cambió todo, pero en el PJ nacional siguen los mismos de siempre. Le llaman renovación al reciclaje. La Patria somos todos, pero el PJ son ellos”.

Mientras tanto, otro grupo de mandatarios peronistas -de perfil opositor- trabaja en el reordenamiento del espacio con la mira puesta en 2027. Kicillof tiende puentes con Sergio Ziliotto (La Pampa), Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa), Gustavo Melella (Tierra del Fuego) y Elías Suárez (Santiago del Estero).

Kicillof asumirá el 15 de marzo la presidencia del PJ bonaerense, tras un acuerdo con Máximo Kirchner, y ya enfoca su estrategia en expandir el Movimiento Derecho al Futuro y proyectarse a nivel nacional.

Las encuestas acompañan ese corrimiento. Relevamientos de Casa Tres, Trends e Isasi/Burdman muestran a Kicillof como principal referencia opositora por encima de la expresidenta. En Casa Tres, el gobernador creció del 11% en junio al 23% en noviembre, mientras Cristina Kirchner cayó del 40% al 15% en el mismo período. Trends, en enero, registró 33% para Kicillof y 25% para la exmandataria. Isasi/Burdman lo ubicó en febrero con 31%, contra 21% de la presidenta del PJ nacional.

Finalmente, lo que se imaginó como una nueva Puerta de Hierro, desde la cual Cristina Kirchner mantendría el control del peronismo, terminó revelándose como un límite para su liderazgo.

Puerta de Hierro

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