Apto físico escolar: mejor no tomarlo como un mero trámite

Limitar el requerimiento a la firma de un certificado sin evaluación médica real puede dejar pasar problemas de salud y generar riesgos evitables durante el ciclo lectivo, advierten pediatras. Los controles que debe incluir según la edad

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Con la proximidad del inicio del ciclo lectivo, el certificado de aptitud física vuelve a ocupar un lugar central en la agenda de muchas familias. Aunque en algunos casos se lo aborda como un trámite más a resolver, lejos de ser un mero requisito administrativo constituye una instancia clave para la detección temprana de posibles patologías en los chicos que no conviene eludir.

La práctica extendida de resolver los certificados con la sola firma de una ficha médica, sin controles clínicos ni evaluaciones profundas -advierten pediatras- puede dejar pasar señales tempranas de problemas de salud que no siempre se manifiestan con síntomas evidentes y que pueden volverse riesgosos durante la actividad física escolar.

“El apto físico escolar no debería entenderse como un trámite administrativo. Se trata de una evaluación médica integral que permite detectar de forma temprana alteraciones cardiovasculares, respiratorias, posturales o metabólicas, muchas de las cuales no presentan síntomas evidentes”, explica la médica pediatra Mónica Alvarez.

“Cuando no se realiza un control adecuado -remarca la especialista desde Boreal Salud- algunas alteraciones pueden pasar desapercibidas y representar un riesgo durante la actividad física escolar”.

LO QUE DEBERÍA INCLUIR

En el nivel inicial y los primeros años de la primaria, el apto físico escolar debería incluir una evaluación clínica completa. El control de peso y talla, la medición de la presión arterial, la auscultación cardíaca y respiratoria, y la revisión de antecedentes personales y familiares son pasos básicos que permiten acompañar el crecimiento y verificar que el niño esté en condiciones de realizar actividad física acorde a su edad.

A medida que los chicos crecen y la exigencia física dentro de la escuela aumenta, también deben ajustarse los controles. A partir de los 7 u 8 años, muchos profesionales recomiendan sumar estudios complementarios, como el electrocardiograma. Se trata de un examen sencillo y no invasivo que permite evaluar el funcionamiento del corazón y detectar alteraciones que no aparecen en la vida cotidiana, pero sí pueden manifestarse durante el esfuerzo físico.

“El apto físico escolar es una oportunidad para realizar un chequeo general de salud y no solo para habilitar la clase de educación física. Muchas veces detectamos alteraciones o vacunas pendientes que no habían sido advertidas”, explica la médica pediatra.

Durante la preadolescencia y la adolescencia, el control cobra aún mayor relevancia. El crecimiento acelerado, los cambios hormonales y el aumento de la intensidad en las clases de educación física hacen necesario un seguimiento más exhaustivo. En esta etapa, además del examen clínico y el electrocardiograma, se evalúan aspectos como la postura, la capacidad respiratoria y la respuesta del organismo al esfuerzo.

Otro componente central del apto físico escolar es la verificación del calendario nacional de vacunación, que en la Argentina es gratuito y obligatorio.

En edad escolar se controlan especialmente los refuerzos de vacunas como triple viral, varicela, hepatitis B y triple bacteriana. En la adolescencia, además, se incorporan vacunas como meningococo y VPH. Contar con el esquema completo no solo protege a cada estudiante, sino que reduce el riesgo de brotes dentro del ámbito escolar.

NO REUTILIZABLE

Los profesionales de la salud también advierten sobre una práctica frecuente: reutilizar certificados de años anteriores o firmar fichas sin una evaluación médica actualizada. El cuerpo de niños y adolescentes cambia año a año, y esos cambios pueden modificar las condiciones de salud. Confiar en controles viejos genera una falsa sensación de seguridad y deja expuesta a la población escolar a riesgos evitables.

Cumplir con el apto físico escolar de manera responsable implica mucho más que cumplir con una exigencia institucional. Es una herramienta concreta de prevención, que permite detectar problemas a tiempo, asegurar una actividad física segura y acompañar el crecimiento con controles médicos reales y vacunación al día. Se trata en definitiva de una inversión en salud que impacta en el bienestar de los chicos y adolescentes durante todo el año escolar.

 

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