Teherán mueve ficha y apuesta al diálogo
Edición Impresa | 3 de Febrero de 2026 | 03:06
Irán dio un giro calculado en medio de una escalada de tensiones y confirmó que se prepara para abrir conversaciones con Estados Unidos sobre su programa nuclear.
La señal llegó tras días de amenazas cruzadas y movimientos militares en la región, y fue ratificada por fuentes oficiales iraníes que aseguraron que el presidente Masud Pezeshkian dio la orden de avanzar en el camino diplomático.
Según trascendió, se evalúa una reunión de alto nivel en Estambul entre el enviado estadounidense Steve Witkoff y el canciller iraní Abás Araqchi, con la mediación indirecta de países de la región como Egipto, Arabia Saudita y Turquía, que sería este viernes.
“IRÁN NO ACEPTA PRESIONES”
Desde Teherán subrayan que aún se ultiman detalles sobre el formato y el método de las conversaciones, aunque rechazan de plano cualquier ultimátum. “Irán nunca acepta presiones”, afirmó el portavoz de la cancillería, Esmail Baqai.
El anuncio se produce en un contexto delicado. Desde comienzos de año, la presión internacional sobre la República Islámica se intensificó tras una dura represión de protestas internas que comenzaron por el costo de vida y derivaron en un cuestionamiento abierto al régimen teocrático. En paralelo, Washington endureció su discurso y llegó a deslizar la posibilidad de una acción militar, lo que llevó al líder supremo Alí Jamenei a advertir sobre el riesgo de una guerra regional.
El nudo central de las negociaciones sigue siendo el enriquecimiento de uranio. Estados Unidos exige que Irán renuncie por completo a esa actividad, mientras Teherán sostiene que es un derecho consagrado en el Tratado de No Proliferación Nuclear. Araqchi insistió en que un acuerdo es posible si se garantiza el levantamiento de sanciones: “No hablamos de cosas imposibles”, afirmó.
Las partes ya habían mantenido contactos preliminares en 2025, pero quedaron truncos tras la guerra de doce días iniciada por Israel en junio. Ahora, el renovado impulso diplomático convive con un clima interno tenso en Irán, marcado por nuevas detenciones y denuncias de organismos de derechos humanos, y con un frente externo cada vez más complejo, tras sanciones europeas y la designación de los Guardianes de la Revolución como organización terrorista.
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