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La renuncia de Lavagna al Indec: el desafío de Milei es que el organismo no pierda la credibilidad

El presidente Javier Milei en el foro de Davos. Un nuevo desafío /archivo

En el año 2015, cuando Mauricio Macri llegó a la Presidencia, el Indec era un chiste burdo después de años de manipulación del kirchnerismo sobre las estadísticas oficiales, con el ex secretario de Comercio Guillermo Moreno como emblema de ese manoseo. Macri nombró allí al economista Jorge Todesca, ya fallecido, que rearmó el organismo y logró recobrar su prestigio.

Después llegó el cuarto gobierno K, de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que ubicó en el Indec a Marco Lavagna, el hijo del ex ministro de Economía Roberto.

Lavagna Jr. estaba por entonces enrolado en el Frente Renovador de Sergio Massa, una de las patas de la alianza que sacó al macrismo de la Casa Rosada. Massa sería primero titular de la Cámara de Diputados y luego ministro de Economía y hombre fuerte de aquella fallida gestión, al punto que terminó como candidato a presidente y perdió con el excéntrico Javier Milei.

A pesar de ciertas sospechas iniciales, Lavagna hijo le imprimió un fuerte perfil técnico al organismo, desprovisto de fanatismos y toqueteos irregulares como había pasado durante las gestiones de Cristina en la Rosada.

Eso le valió al economista un cierto reconocimiento de propios y, sobre todo, de ajenos. Y el Indec no perdió credibilidad, más allá de algunos vaivenes que hubo por la demora de los datos del Censo 2022. Por el contrario, fue ponderado el hecho de que, por ejemplo, el organismo siempre reflejó fielmente la fallida pelea contra la inflación que dio el gobierno de Fernández.

Cuando en 2023 Milei ganó la Presidencia, ratificó la continuidad de Marco Lavagna. Hacia afuera, el gesto fue reivindicado por economistas y analistas como una muestra de que el nuevo mandatario, por entonces un misterio para todo el mundo, no metería manos en las estadísticas. El mundillo político lo leyó en otra clave: el libertario casi no tenía gente para armar el nuevo gobierno y, en el caso del Indec, recurrió a la solución más sencilla. Esto es: dejar al hombre de Massa, quien había sido de gran ayuda para que Milei pasara la primera vuelta electoral, colaborando de maneras varias para que supere a los macristas de Juntos por el Cambio bajo la creencia que en el balotaje él se impondría. Como se sabe, un cálculo fallido.

Como sea, Milei venía acertado hasta ahora en la continuidad de la credibilidad del Indec. Con dos años de baja de la tasa de inflación, nadie podía decirle que se debía a “mentiritas” del organismo que los argentinos ya han visto antes.

Ese es el mayor desafío que enfrenta hoy el Presidente ante la renuncia de Lavagna: procurar que el instituto de estadísticas oficiales -central no sólo por el tema inflación sino para los estudios que hacen sobre la realidad socio-económica del país los organismos internacionales- no pierda credibilidad y confianza.

En este punto asoma como clave en la salida de Lavagna el anuncio de parte del Indec de que habrá un nuevo índice para medir la inflación y la pobreza, actualizado de acuerdo a los tipos de consumos e ingresos actuales y acaso con un peso mayor de los servicios públicos en el número final. Creación del ahora renunciado, que no se ha concretado aún. ¿Alguna vez se implementará?

Tensión

Como en todos los gobiernos, si se maneja profesionalmente el Indec está destinado a tensionar con el ministerio de Economía. En especial si las variables económicas no marchan viento en popa.

Se trata de la decisión de no “panfletear” algo que venía funcionando

Cuentan fuentes oficiales que eso ya había empezado a pasar entre Lavagna y el ministro Luis Caputo, uno de los hombres más poderosos de la actual gestión. Por un lado, porque la motosierra también llegó al Indec y eso generó un éxodo de profesionales altamente calificados. Por otro, porque la nueva forma de medición que está en veremos, acaso más precisa, habría influido para enrarecer el clima entre los dos economistas.

Al punto que Caputo aplaudió el anuncio de que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) también sacará informes propios de inflación, aparentemente con ponderaciones de consumos más afines a la idea que tiene el Ejecutivo de cómo debería medirse el aumento de precios.

Es que en esta gestión (y en anteriores también) el BCRA trabaja en tándem con el ministerio de Economía. Algo que no debería pasar en un país más normal, en el que la entidad bancaria debería tener autarquía pero también independencia política como máxima autoridad monetaria y financiera.

Según el gobierno, Lavagna sería reemplazado por su segundo, Pedro Lines. Se reitera: no es una cuestión de nombres. Se trata de la decisión de no “panfletear” algo que venía funcionando aparentemente en forma correcta y profesional.

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