Se recalienta el verano con un clásico: varias casas desvalijadas
Edición Impresa | 4 de Febrero de 2026 | 02:34
El verano volvió a mostrar su cara más amarga en La Plata. Mientras muchas familias aprovechan las vacaciones para escapar unos días del calor y la rutina, los delincuentes parecen tener el calendario bien marcado: casa cerrada, oportunidad asegurada.
En las últimas horas se conocieron al menos dos robos en viviendas, ambos ocurridos mientras sus propietarios se encontraban fuera de la Ciudad, en hechos que vuelven a exponer una realidad que se repite año tras año.
El primer caso tuvo lugar en una vivienda ubicada en la zona de 49 y 145, donde su dueño se había ausentado el 29 de enero para viajar al Partido de La Costa.
La casa no estaba completamente abandonada: una hermana del damnificado, que vive cerca, se encargaba de ingresar a diario para alimentar a las mascotas y verificar que todo estuviera en orden. Aun así, nada alcanzó.
En algún momento, delincuentes lograron forzar la reja de una ventana sin que nadie lo advirtiera e ingresaron al lugar para revolver cada ambiente.
El botín fue significativo: una pistola 9 milímetros marca Bersa, 2.200 dólares y 2.500.000 pesos en efectivo.
La vivienda al parecer contaba con dispositivos de seguridad, pero se desconoce por qué la tecnología no evitó el robo.
El segundo hecho se registró en una casa de la calle 9 entre 36 y 37, cuyo propietario llevaba apenas tres días de vacaciones. Fue su propio hijo quien descubrió el desastre al ingresar para cumplir una simple rutina: regar las plantas y controlar la vivienda.
La escena fue la de un desvalijamiento total. Puertas forzadas, cerraduras destruidas, muebles abiertos y pertenencias tiradas por el piso.
Los delincuentes se llevaron televisores, computadoras, notebooks, guitarras, amplificadores, un piano electrónico y, como si fuera poco, también un automóvil Volkswagen Polo que se encontraba guardado en el garaje.
En este caso, la vivienda no contaba con cámaras de seguridad, pero el resultado fue el mismo.
Los dos episodios reflejan una postal cada vez más habitual en la Ciudad: rejas, alarmas, cámaras, familiares que “cuidan la casa”, vecinos atentos, y aun así los robos se concretan.
Para muchos vecinos, la sensación es clara: nada alcanza para defenderse. Ni los perros considerados para defensa.
La inseguridad parece moverse con impunidad, especialmente durante los meses de verano, cuando las casas vacías se multiplican y los barrios quedan a merced de quienes entran y salen sin ser vistos.
Los robos no distinguen zonas ni horarios, y dejan detrás no solo pérdidas materiales, sino también una profunda sensación de vulnerabilidad.
Mientras las investigaciones avanzan y las denuncias se acumulan, crece el malestar de vecinos que sienten que vivir con miedo ya es parte de la rutina, incluso cuando se intenta tomar unos días de descanso.
En La Plata, el verano no solo trae calor: también deja puertas forzadas, casas revueltas y la amarga certeza de que ni siquiera las medidas de seguridad garantizan tranquilidad.
Ahora solo quedará aguardar el resultado de las pesquisas, que suelen demorar su tiempo. Por eso la resignación es absoluta y caldo de cultivo para la angustia y la frustración.
La Policía hará las recorridas de siempre en busca de imágenes en las cámaras de seguridad del barrio o de cualquier dato que posibilite la identificación de los autores, pero nada garantiza que las víctimas puedan recuperar lo que tanto esfuerzo les costó conseguir.
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