Trump borró el video y acusó a un empleado

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Un video de apenas un segundo bastó para desatar una crisis política de alto voltaje. El presidente Donald Trump publicó en su red Truth Social un clip con teorías conspirativas sobre las elecciones de 2020 que incluía una imagen de Barack y Michelle Obama representados como simios. La reacción fue inmediata: indignación masiva, acusaciones de racismo y presión pública hasta que la Casa Blanca se vio obligada a borrar el contenido.

Horas después, un funcionario admitió ante la agencia AFP que la publicación fue “un error” cometido por un miembro del personal. El mensaje desapareció, pero el daño político ya estaba hecho.

Las críticas cruzaron el espectro político. La oficina del gobernador de California, Gavin Newsom, fue lapidaria: calificó la publicación como un “comportamiento repugnante” y exigió que todos los republicanos la condenaran.

Incluso aliados de Trump marcaron distancia. El senador afroamericano republicano Tim Scott dijo que esperaba que el material fuera falso porque era “lo más racista” que había visto salir de la Casa Blanca. Roger Wicker, también republicano, lo consideró “totalmente inaceptable” y reclamó disculpas públicas.

Desde el entorno de Obama, el exasesor Ben Rhodes afirmó que el episodio quedará como una “mancha” histórica para Trump.

La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, intentó bajarle el tono a la polémica y habló de “falsa indignación” de los críticos. Según la versión oficial, la imagen provenía de un video satírico creado por un simpatizante de Trump, en el que el mandatario aparece como un león dominante y otros políticos como animales caricaturizados.

La política convertida en espectáculo

Adicto a las redes y a la provocación digital, Trump convirtió su comunicación en un show permanente donde la frontera entre sátira, propaganda y ataque personal se vuelve difusa. El video borrado suma un nuevo capítulo a esa estrategia: impacto inmediato, indignación viral y una conversación nacional dominada por su figura.

Aunque el contenido ya no esté en línea, el escándalo volvió a colocar a Trump en el centro del debate cultural estadounidense, donde la política se juega tanto en el poder real como en la guerra simbólica de las pantallas.

 

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