Kicillof, actor de una victoria con concesiones fiel a su lógica de construcción política

José Picón


Si la resolución de la pelea por la conducción del PJ bonaerense ameritara asimilarla a una metáfora boxística, podría decirse que Axel Kicillof terminó ganando por puntos. El Gobernador pudo haber elegido dar la batalla final que algunos dirigentes de su espacio le vienen reclamando desde hace tiempo, pero optó por un acuerdo con La Cámpora que lo mostró por un lado victorioso y por el otro asociado una vez más al kirchnerismo.

Kicillof será el próximo presidente del partido en reemplazo de Máximo Kirchner y logró avanzar sobre la estructura peronista provincial que estaba fuera de sus dominios. Consiguió incluso imponer a la matancera Verónica Magario como vicepresidenta pese al rechazo camporista. Cerca del mandatario se celebró la captura de esa colina hasta ahora controlada por el universo K, como un paso más tendiente a consolidar sus pretensiones nacionales.

El desenlace dejó en ciertos dirigentes un sabor agridulce. Algunos intendentes que reportan al Movimiento Derecho al Futuro lamentaban, paradójicamente, ese final incruento. Son kicillofistas que leían, en el devenir de las negociaciones, que La Cámpora estaba cediendo en medio de una debilidad política manifiesta. Esa impresión se robusteció cuando comenzó a trascender que la propia Cristina Kirchner había bajado la directiva de no ir a la interna con Kicillof y buscar la unidad aunque implicara dejar de conducir el partido. “Era el momento de buscar el nocaut”, decían.
Esa sensación de pesadez se robusteció cuando conocieron que Máximo Kirchner será presidente del Congreso partidario, un organismo de fuerte peso político en la vida interna peronista. “Hubiéramos preferido otro nombre”, reconocen en la Gobernación.

Pero parece claro a esta altura de las discusiones en el peronismo que el Gobernador, por distintas razones, busca construir su candidatura desde un lugar no tradicional. En 2005, el kirchnerismo se deshizo de la sombra que le proyectaba Eduardo Duhalde derrotándolo abrumadoramente en aquellos comicios de medio término. Sergio Massa, en 2013, armó su propia lista en busca de independizarse de Cristina Kirchner. Las condiciones se impusieron, siempre, por el imperio de los votos. Kicillof prefiere transitar por otro camino.

El documento final que alumbró como broche del acuerdo incluye algunos puntos reveladores de hasta dónde debió ceder cada uno en busca de la unidad. En uno de los párrafos, aunque sin hacer alusión directa al tema, se pondera el resultado favorable que obtuvo el peronismo en los comicios de septiembre. Es, obviamente, un respaldo a aquella controvertida decisión de Kicillof de desdoblar las elecciones pese a la resistencia kirchnerismo. El Instituto Patria mandó a incluir críticas explícitas a la condena que afronta Cristina Kirchner. El documento pasó por el filtro de ambos campamentos antes de que se hiciera público.

Sobre ese equilibrio inestable en el que se construyó el acuerdo por el PJ bonaerense, la proyección nacional del Gobernador recibió no obstante, un envión. Ser jefe del partido supone un empoderamiento y una plataforma desde donde robustecer su proyecto nacional. Aparece una cuestión adicional: el kirchnerismo duro, por ahora sin una alternativa que ofrecer, dejaría correr a Kicillof y sus pretensiones por llegar a la Casa Rosada.

No se trata de un gesto amistoso ni una tregua tácita. La Cámpora, en rigor, apunta a juntar pertrechos para otra pelea: la Gobernación. Ese parece ser el objetivo sobre el que empezará a trabajar el kirchnerismo sin que en la coyuntura logre exhibir algún nombre de peso para liderar esa batalla.

Esa es otra de las disputas que se vienen entre dos sectores que conviven en un clima de ruptura y desconfianza. El núcleo de dirigentes kicillofista busca ser heredero de la sucesión de su jefe. Algunos de ellos ya no ocultan ese deseo. Un choque de planetas asegurado.

En poco más de dos semanas se develará otra incógnita: si el acuerdo entre Kicillof y el kirchnerismo aplica solo al PJ o se expande hacia otros escenarios de confrontación. Hay una durísima disputa abierta en el Senado entre la vicegobernadora Magario y La Cámpora por el control de espacios de poder que sigue sin saldarse.

Es una pelea política e institucional que, una vez más, pone de un lado a Kicillof y del otro al kirchnerismo. Una de otras tantas en curso o por llegar.

axel Kicillof

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