La grieta por el acuerdo con EE.UU.: ¿oportunidad o una concesión excesiva?

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Por DENISE CHMOIS

Luego de la firma del Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíprocos con Estados Unidos, el Gobierno anunció que será enviado al Congreso “para su correspondiente tratamiento”, en las sesiones extraordinarias de febrero -si los tiempos acompañan- o a partir del 1° de marzo, según detalló el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en conferencia de prensa.

El comunicado de la Oficina del Presidente indica que Javier Milei “confía en que los legisladores entiendan la responsabilidad que tienen por delante para estar a la altura de esta oportunidad sin precedentes”. Por más expectativa que haya en el oficialismo -e independientemente de su derrotero en el Legislativo-, el pacto ya abrió una grieta ideológica. Las aguas se dividen entre quienes lo celebran y los que lamentan una falta de reciprocidad.

El oficialismo celebró el acuerdo comercial con EEUU como un hito histórico y una validación de la estrategia internacional del Gobierno. Milei lo resumió en redes con la consigna “MA&AGA” -Make America and Argentina Great Again- , mientras el canciller Pablo Quirno aseguró que el entendimiento permitirá que “la Argentina sea próspera”. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, atribuyó el logro “en un ciento por ciento” al Presidente y a su controversial discurso en Davos 2025.

Funcionarios y legisladores reforzaron la idea de un giro internacional. El secretario de Comunicación y Prensa, Javier Lanari, destacó “la importancia de tener una política exterior clara” y calificó la jornada como “histórica”. La jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich, sostuvo que el acuerdo implica “el despegue definitivo” -junto a la reforma laboral- y Gabriel Bornoroni, su par en Diputados, afirmó que “Argentina volvió al mundo”. Santiago Caputo rechazó las críticas y dijo que quienes lo evalúan como un juego de pérdidas y ganancias “no entienden cómo funciona el comercio”.

CUESTIONAMIENTOS

Desde la oposición cuestionaron los alcances del pacto. El ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, acusó al Gobierno de promover una “apertura indiscriminada” y una “cesión de soberanía regulatoria”, que definió como un acto de “sumisión y entrega”. La diputada de Unión por la Patria Julia Strada advirtió que algunos compromisos quedarían sujetos a la voluntad política de Washington. Diputados del interbloque Unidos pidieron citar a Quirno al Congreso para que explique el acuerdo.

Juan Carlos Hallak, profesor de Economía Internacional en la UBA, investigador del Conicet y exsubsecretario de Inserción Internacional, consideró que el acuerdo es “asimétrico en términos de las concesiones que da cada país”. “Me sorprende que no hayamos obtenido mayores preferencias en los productos agroindustriales, que es donde más potencial tenemos de, en el corto plazo, crecer en nuestras exportaciones”.

“Concedieron mucho y no obtuvieron mucho a cambio”, sintetizó, y lo atribuyó a “una decisión de hacer lo que haya que hacer para tener el beneplácito de Estados Unidos”. “Se considera que el beneficio viene por otro lado: tener el respaldo implícito ante cualquier problema que vaya a haber, como en octubre (por el apoyo previo a las elecciones legislativas)”.

Adorni sostuvo que el acuerdo “consolida nuestra posición de liderazgo regional. Argentina le está mostrando a América Latina que el camino hacia adelante es a través del capitalismo y el libre comercio”. En contraste, Hallak descartó que otros países de la región estén interesados en un acuerdo de esta naturaleza: “Argentina está en una situación muy delicada, y tener este supuesto respaldo de EE.UU. ante una situación de potencial crisis, vale mucho. A otros no les vale tanto”.

“AMPLIAR LA INFORMACIÓN”

Por su parte, Ricardo Carciofi, investigador de la UBA, miembro del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI) y exdirector del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señaló un matiz: “EE.UU. define que el continente forman parte de su zona de seguridad. Ese tipo de conceptos cruzan transversalmente el papel que se ha firmado. Ese es el contexto en el que te toca jugar: totalmente asimétrico. Entre no tener nada y tener un acuerdo, es mejor tener un acuerdo, por lo menos para transitar esa situación y tratar de aprovechar lo mejor que se puede”. Sin embargo, puntualizó: “Sería interesante que el Gobierno amplíe la información”.

El presidente de la Fundación Embajada Abierta -y exembajador ante EE.UU.-, Jorge Argüello ancló el pacto en el contexto geopolítico: “El acuerdo renueva el debate sobre el impacto en la autonomía estratégica argentina, en la medida en que la coordinación en tecnologías sensibles y cadenas de suministro críticas puede reforzar el alineamiento con Washington en el contexto de la creciente competencia global entre Estados Unidos y China”, dijo en X. Y agregó: “El desafío consiste en compatibilizar la profundización de la relación bilateral con una política exterior diversificada y el fortalecimiento de la integración regional. Argentina necesita multiplicar vínculos, no reducirlos”.

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