José Marrone, el payaso enamorado de la risa, del circo y de dos mujeres

El cómico vivió en Ensenada sus años de juventud. De chico pasó hambre y de joven buscó actuar en donde hubiera un escenario. Se hizo en cafetines, cabarets y llegó a la fama como capocómico

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Después de una infancia pobre, que lo obligó a temprana edad a buscar el pan para él y su familia desempeñando diversas tareas y “oficios” callejeros, luego de una juventud en la que se le había encendido ya la llama de la actuación pero que no encontraba cabida, José Marrone (1915-1990) logró finalmente convertirse en un capo cómico que durante las décadas del 50, 60 y posteriores, reinó en los teatros de calle Corrientes, en el circo, el cine y en la TV, en donde compartió el estrellato como figuras de la talla de Dringue Farías, Adolfo Stray, Pepe Biondi, Tato Bores y pocos más.

Lo que debe resaltarse es que parte de su juventud Marrone la pasó en Ensenada, de modo que puede sumarse al club de personajes que vinieron a vivir a la Región, en donde nacieron grandes figuras del teatro y el tango. Así, Berisso tuvo a grandes actores como Federico Luppi y Lito Cruz, en tanto que La Plata, entre muchos otros, a la legendaria “dama del tango”, Mercedes Simone, nacida en la cercana Villa Elisa hasta que su familia decidió mudarse a nuestra ciudad.

En un portal ensenadense, llamado “Ensenada Barragán”, el escritor Juan Pablo Eijo publicó estas palabras evocativas de Marrone, que había nacido en la ciudad de Buenos Aires pero que se casó y afincó en Ensenada, además de ofrecer valiosas referencias sobre esa localidad vecina en las primeras décadas del siglo pasado.

En varios párrafos dedicados al actor, dice Eijo: “Hacia fines del 30 y principios del 40, José Pepito Marrone –por entonces Rulito- vivía en Ensenada y estaba casado con Rosa, su primera esposa. Por las tardes frecuentaba La Marina y por las noches actuaba en el bar del griego Telémaco Espadópulos, sobre la calle Ortiz de Rosas. En el bar se incluían todo tipo de números, y el lugar se asemejaba a lo que tiempo después se conocería como Bar de Varieté. En oportunidades salían a escena grupos de mujeres ligeritas de ropa -a quienes los hombres se devoraban con la mirada- y cantaban con tono dulce y candoroso: “con mi pijamita yo recibo a las visitas...Con mi pijamita paso horas de placer...Y si alguno quiere quitarme el pijamita... Yo le digo nooo, no; eso-sí-que-no”.

“Una tarde, José Marrone estaba sentado en La Marina, contra una de las vidrieras, conversando con algunos muchachos -entre ellos Vicente-, y uno le pregunta:

- “Che, Rulito... a mi me gusta mucho que estés acá; pero la verdad es que vos tenés condiciones... ¡nos hacés cagar de risa!... ¿Nunca se te dio por ir a Buenos Aires?”.

- “Claro que se me dio por ir a Buenos Aires; pero ustedes no saben lo que es Buenos Aires; es jodido Buenos Aires. ¡Mirá!... yo estoy muy bien acá, con Telémaco: me paga 50 pesos por noche... a veces hasta me da de comer y todo... y no tengo gastos de ningún tipo. En Buenos Aires me pagan ciento cincuenta, pero tengo que pagarme la pensión y la ropa. Y además, te piden que no te salgas del libreto; si querés hacer un chistecito por cuenta tuya, te llaman y te cagan a pedos. Pepe Arias es un gran tipo, pero en eso un hijo de puta.

“Esto nos lo decía sentado en el bar”, rememora Vicente. Después Marrone “empezó a subir, a escalar posiciones”, y entró a trabajar en El Tronío, con Miguel de Molina, un artista que se hiciera famoso por vestir con blusas llenas de dorado y arabescos. Molina hacía un género diferente al de Pepitito; esto le posibilitó “ganarse su lugar”. Y así fue como triunfó en Buenos Aires, y se convirtió en un cómico y payaso excepcional”.

También tuvo una fuerte vocación por el arte dramático y aún se recuerda su actuación en la película “Cristóbal Colón en la Facultad de Medicina”, que había hecho en el teatro Luis Sandrini y que concitaba muchas risas, pero que hizo pensar.

La película también cómica fue estrenada en marzo de 1962 dirigida por Julio Saraceni y protagonizada por José Marrone y Juanita Martínez, que sería su segunda mujer. La presentó en los teatros Argentino y Cómico a sala llena, en una versión que había sido creada y puesta en escena por el genial Florencio Paravicini. Una frase que hizo célebre a la obra, además del habitual “¡Cheee...!”, fue la que exclamaba: “Somos los hermanos Corsos, uno toma mate, el otro escupe verde”.

“El ‘cheeeee’ es la desesperación de muchos artistas que no pueden encontrar el remate. Lo tomé de una chica que vivía con nosotros porque la crió mi mamá. La vieja era de carácter fuerte, y viste que antes se pegaba, entonces cuando le daba cada paliza la piba le decía: ‘cheeeee’. Sería el año 54, y estábamos haciendo Cristobal Colón en la Facultad de Medicina. En la escena estaba Juanita en una camilla, y un actor que hacía de médico me decía dónde me parecía que tenía que darle la inyección, y yo, acordándome de aquella chica, le dije: ‘cheeeee’, y fue como una bomba en la sala. Así nació, gracias a la gente”, reconoció Marrone. Con esa obra, y ese latiguillo, llegó a hacer 1.280 funciones, el primer gran récord de su carrera.

DOS MUJERES

Otras de sus muletillas fueron “Me saco el saco, me pongo el pongo” y “¡Mamita querida!”, y esta última la relacionaban con su inusual vida sentimental, ya que durante 22 años de su vida Marrone no sólo estuvo enamorado de dos mujeres, sino que convivió con ellas todo ese tiempo pero en distintos hogares. Cuando le preguntaron cómo era posible eso explicó: “Estoy doce horas con una y doce horas con otra”.

La primera de esas mujeres fue, claro, su primera esposa Rosa, “la gorda” Gulidoro con quien se casó en la década del 30 cuando él tenía 21 años y ella 37. Tuvieron en marzo de 1954 una hija, Teresa, conocida como Coqui e hija única del actor.

Pero Marrone, cuando ya se había hecho conocer como artista de varieté y teatro, conoció en 1950 a la vedette Juanita Martínez, quedó deslumbrado y se enamoró de ella. El problema era que seguía enamorado de Rosa. Y en lugar de sumergirse en una aventura clandestina, con la simpleza y rebeldía de siempre, el actor se preguntó “¿y por qué no puedo amar a las dos?”. Y así lo hizo, con el conocimiento y consentimiento de ambas mujeres.

“A las cuatro de la mañana me iba a mi casa hasta las cuatro de la tarde, yo le dedicaba doce horas a Juanita y doce horas a mi casa. Veintidós años hice esa vida”.

No hubo peleas por esto. Las mujeres no se hablaron nunca entre ellas, hasta que Rosa se enfermó y supo que iba a fallecer. Entonces llamó por teléfono a Juanita y le pidió que “cuidara a la Coqui”.

Juanita Martínez fue famosa y amada por el público. Viudo Marrone quisieron casarse de inmediato pero por ley debieron esperar dos meses para poder hacerlo. Se amaron hasta el final. Ella supo llevar a este inusual rey del circo, al payaso de flequillo en catarata, al antiguo actor de cabarets de mala muerte y luego al dueño del rating en las pantallas de TV.

En mayo de 2001 Juanita Martínez, viuda del actor fallecido, se suicidó de un balazo en la cabeza. Sufría de un mal incurable. La policía indicó que el cadáver de la mujer fue encontrado sobre una cama y que en una mano tenía un revólver y en la otra una foto de Marrone.

 

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