Otra vez el absurdo de los “velorios tumberos”
Edición Impresa | 12 de Marzo de 2026 | 01:40
Si algo le faltaba a la inseguridad en La Plata, ya lo tiene en el ritual puesto de moda por la delincuencia, consistente en despedir a un supuesto malviviente mediante balazos al aire, desmanes, caravanas de motos, músicas a alto volumen y consignas como “volá alto, ladrón”, dedicadas al muerto.
Ahora un funeral tumbero se reiteró en las últimas horas en nuestra ciudad, bautizado irónicamente como UDT (“última despedida tumbera”) porque esa sigla remeda a la del UPD (“último primer día”) de los estudiantes del secundario que inician el ciclo lectivo que los convertirá en bachilleres.
Esta suerte de “happening” peligroso, organizado por allegados a delincuentes muertos en robos, enfrentamientos o accidentes vinculados al mundo del delito, tuvo lugar ahora en el barrio platense de Villa Montoro, en donde un joven de 20 años fue hallado muerto en el interior de una vivienda. En torno a ese episodio que ahora investiga la Justicia, durante varias horas se escucharon cortes de motos, detonaciones y el resto de ritos propios de una nueva despedida tumbera.
Cabría recordar que esta costumbre se hizo visible por primera vez en el país el 11 de mayo de 1996 con el todavía celebre funeral tumbero, en Villa Pineral, partido bonaerense de Tres de Febrero, cuando para homenajear a Néstor “Sopapita” Merlo, líder de la denominada “banda de los paraguayos”, se dispararon tiros al aire. Entre os presentes, se encontraba un conocido periodista de policiales que cubría la nota y resultó herido de bala en su antebrazo izquierdo. En esa ocasión, se anunció que en la Policía provincial se iba a crear una unidad para “prevenir y reprimir” posibles delitos en funerales de narcotraficantes y otros tipos de delincuentes.
El antecedente más reciente de funerales con incidentes es el del 9 de este mes en el cementerio del partido bonaerense de Lomas de Zamora, en la localidad de Villa Fiorito, donde decenas de personas que circulaban en motos y autos en una caravana fúnebre para despedir a un muchacho fallecido, cometieron robos y desmanes en su camino.
No hace falta extenderse en los otros y muchos antecedentes, demostrativos de la aparición de un ritual disvalioso, que apunta a reivindicar una vida supuestamente delictiva y manifestación que incurre, en definitiva, en una clara apología social del delito.
Una eficaz acción preventiva y disuasiva, seguida por una correspondiente colección de pruebas para identificar y detener luego a los responsable debieran ser puestas en acción por la Policía. La sociedad ya sufre demasiado y es víctima de muy graves consecuencias causadas por la ola delictiva, como para que, además, después deba enterarse de que la delincuencia rinde “homenajes”, con exhibición y uso de armas, a los presuntos colegas muertos.
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