Tel Aviv aguanta la peor ofensiva de Irán

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La noche cayó sobre Tel Aviv con una tensión que se podía tocar. A las 23.30 sonó la primera sirena. Luego otra a la una de la madrugada. Y después, una tras otra, sin descanso hasta las seis. Fue la noche más dura que vivió la ciudad desde que Israel, junto con Estados Unidos, intensificó los bombardeos contra infraestructuras iraníes. Teherán había advertido que respondería. Y cumplió.

Entre la noche del martes y la madrugada del miércoles, Irán lanzó cerca de 300 misiles contra territorio israelí. La mitad eran de racimo, un tipo de armamento especialmente temido en zonas urbanas por el amplio radio de dispersión de sus submuniciones. Cada interceptación del sistema de defensa iluminaba el cielo de Tel Aviv, mientras los estallidos sacudían el silencio de la madrugada.

DESGASTE PSICOLÓGICO

En la ciudad no hubo víctimas fatales, pero el desgaste psicológico fue devastador. Las alarmas en los celulares, las sirenas y los altavoces repitiendo alertas rojas mantuvieron a los vecinos en un permanente estado de alerta. Muchos corrieron dos o tres veces a los refugios y, agotados, decidieron quedarse allí hasta el amanecer. Otros, rendidos por el cansancio, dejaron de reaccionar a las advertencias.

Los refugios improvisados se llenaron. Hoteles de lujo mantuvieron sus puertas abiertas para huéspedes y vecinos de edificios antiguos que no tienen espacios blindados. En los subsuelos de Tel Aviv, diseñados para estacionamientos en tiempos normales, ahora hay filas de sillas contra las paredes y luces frías que apenas alivian el ambiente tenso.

En uno de esos búnkeres, familias con bebés se resguardaron detrás de biombos improvisados. También había mascotas. Quienes compartieron tiempo en el búnker, relatan que allí abajo, el tiempo se vuelve extraño. Las horas pasan lentas, en silencio, como si la ciudad entera aguardara una fiesta que nunca va a comenzar.

 

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