Ataques sin fin: escalan los frentes de batalla

Irán lanza misiles avanzados contra Israel y el Golfo, mientras Beirut sufre nuevos bombardeos. Crece el riesgo regional y se agrava la crisis humanitaria y energética

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La guerra en Medio Oriente atraviesa una de sus fases más críticas, con una escalada simultánea de Irán contra Israel y varios países del Golfo, mientras las fuerzas israelíes intensifican sus bombardeos sobre Beirut, en Líbano.

El conflicto, lejos de estabilizarse, se expande en múltiples frentes y suma actores, elevando el riesgo de una crisis regional de mayor alcance.

Tras la muerte de uno de sus principales líderes en un ataque aéreo, Teherán respondió con una ofensiva que incluyó misiles de última generación, capaces de evadir defensas antiaéreas y saturar los sistemas de radar.

Algunos de estos proyectiles impactaron en el centro de Israel y causaron al menos dos muertes en Ramat Gan, en las inmediaciones de Tel Aviv. La Guardia Revolucionaria aseguró que los ataques, ejecutados con misiles Khorramshahr-4 y Qadr, buscan vengar la muerte de Alí Larijani, figura clave del aparato político iraní.

OFENSIVA CONTRA HEZBOLÁ

En paralelo, Israel profundizó su ofensiva sobre territorio libanés. El ejército bombardeó edificios en Beirut que, según sostuvo, eran utilizados por Hezbolá para financiar sus operaciones.

Uno de los ataques redujo a escombros un complejo de departamentos en el centro de la ciudad, tras una advertencia de evacuación. Otros bombardeos dejaron al menos seis muertos y decenas de heridos, en un contexto de creciente crisis humanitaria.

La guerra también alcanzó infraestructuras extremadamente sensibles. En Irán, un proyectil impactó en el complejo de la planta de energía nuclear de Bushehr (suroeste del país). Aunque no se registraron daños ni víctimas, el episodio encendió alarmas internacionales.

El Organismo Internacional de Energía Atómica confirmó la información, y su director, el argentino Rafael Grossi, pidió “máxima moderación” para evitar un accidente nuclear.

Asimismo, el ataque de Israel al yacimiento gasífero Pars del Sur en Irán, el mayor del mundo y clave para su abastecimiento interno, desató incendios y elevó la tensión global. El campo, compartido con Qatar, concentra cerca del 80% del gas iraní. Irán depende en gran medida del gas para producir electricidad y calentar los hogares.

CONFLICTO EN EXPANSIÓN

El conflicto se ha extendido a otros países del Golfo. Irán lanzó ataques contra infraestructura energética y bases militares en Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.

En este último país, un proyectil provocó un incendio menor cerca de una base próxima a Dubái, mientras que Arabia Saudí interceptó un misil dirigido a una instalación que alberga fuerzas estadounidenses.

La tensión también se trasladó a Bagdad, donde la embajada de Estados Unidos fue atacada por segundo día consecutivo, en acciones atribuidas a milicias proiraníes. Estos episodios reflejan la creciente regionalización del conflicto y la multiplicación de escenarios de combate indirecto.

Otro eje central es el control iraní sobre el estratégico Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. La restricción del paso marítimo alimenta temores de una crisis energética global.

En respuesta, fuerzas estadounidenses bombardearon posiciones de misiles iraníes en la costa para debilitar su capacidad ofensiva.

En el plano interno, Irán ejecutó a un hombre acusado de espiar para el Mossad, en una señal de endurecimiento del régimen. Estas prácticas han sido cuestionadas por organismos internacionales debido a la falta de garantías en los procesos judiciales.

El saldo humano continúa en aumento. En Líbano, más de un millón de personas han sido desplazadas -cerca del 20% de la población- y más de 900 han muerto. En Irán, las víctimas superan las 1.300 desde el inicio del conflicto.

En Israel, los ataques con misiles han dejado al menos 14 muertos, mientras que también se registran bajas entre fuerzas estadounidenses desplegadas en la región.

Con ataques coordinados, represalias constantes y el uso de armamento cada vez más sofisticado, la guerra entra en una fase de máxima incertidumbre. La combinación de presión militar, impacto sobre infraestructuras críticas y expansión regional configura un escenario explosivo, con implicancias directas para la estabilidad global.

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