Trump, conciliador: habló de tregua; Irán lo niega
Edición Impresa | 24 de Marzo de 2026 | 02:23
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el escenario internacional con un giro abrupto en su postura frente a Irán, en lo que ya es considerado uno de los virajes más espectaculares de su estilo político. Tras días de amenazas directas, ultimátums y advertencias de ataques masivos, el mandatario pasó en cuestión de horas a hablar de negociaciones “muy productivas” y de una posible salida diplomática al conflicto, que ya transita su cuarta semana y mantiene en vilo a buena parte del mundo.
El cambio no fue menor ni pasó inadvertido. Durante el fin de semana, Trump había dado a Teherán apenas 48 horas para reabrir el estratégico estrecho de Ormuz, clave para el comercio global de petróleo, bajo la amenaza de bombardear centrales eléctricas que abastecen a millones de personas.
Sin embargo, ayer decidió extender ese plazo a cinco días y aseguró que existen contactos en marcha con líderes iraníes, a quienes describió como “respetables” y dispuestos a llegar a un acuerdo.
La reacción de los mercados fue inmediata y contundente. El precio del petróleo, que venía en alza por el temor a una interrupción del suministro, se desplomó tras sus declaraciones. Las bolsas también registraron fuertes sacudidas, reflejo de la incertidumbre que genera cada movimiento del mandatario.
DESMENTIDA DE TEHERÁN
No obstante, desde Irán desmintieron de plano la existencia de negociaciones y acusaron a Washington de difundir información falsa para manipular los precios de la energía y ganar tiempo en medio de la escalada.
Este patrón de comportamiento no es nuevo. Trump ha convertido los cambios de rumbo en una marca registrada, una suerte de método que combina presión extrema con retrocesos inesperados. Según analistas como el politólogo Garret Martin, resulta cada vez más difícil determinar si existe una estrategia clara o si las decisiones responden, en gran medida, a impulsos. El propio presidente ha reconocido que gobierna “por instinto”, una definición que para sus críticos explica la volatilidad de sus acciones.
En esta oportunidad, el viraje parece haber estado influido por varios factores simultáneos. Por un lado, el nerviosismo de los mercados internacionales y el impacto directo en los precios del petróleo y el gas. Por otro, la presión de países del Golfo, preocupados por una escalada que podría afectar infraestructuras críticas como plantas de desalinización y redes eléctricas. A esto se suman tensiones dentro de su propio espacio político, donde sectores del movimiento que lo respalda cuestionan el costo económico y militar de una guerra prolongada.
Mientras tanto, sobre el terreno, la situación sigue siendo crítica y altamente volátil. El conflicto ya ha dejado miles de muertos y ha provocado desplazamientos masivos de población. Israel continúa con sus operaciones militares en territorio iraní y también en Líbano, donde enfrenta a Hezbolá, aumentando el riesgo de una guerra regional de mayor escala.
Trump, por su parte, aseguró que si se alcanza un acuerdo, Estados Unidos buscará tomar control del uranio enriquecido iraní, un punto históricamente rechazado por Teherán, que insiste en su derecho a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. En paralelo, actores regionales como Turquía y Egipto comenzaron a desplegar esfuerzos diplomáticos para mediar entre las partes y evitar un desenlace aún más grave.
Fiel a su estilo, el mandatario volvió a sintetizar su enfoque con una frase contundente: “Toda mi vida ha sido una negociación”. Sin embargo, en un escenario tan delicado, su estrategia de avanzar y retroceder al mismo tiempo no solo redefine las reglas del juego, sino que también mantiene al mundo en estado de alerta permanente.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE