Crecer no alcanza: una economía que avanza, pero no tracciona
Edición Impresa | 29 de Marzo de 2026 | 04:48
Instituto de Economía Aplicada
Universidad del Este
La actividad económica comenzó el 2026 con una dinámica positiva, aunque sin modificar el rasgo central que dejó el año anterior: un crecimiento concentrado en pocos sectores y con escaso impacto sobre el entramado productivo y el empleo. Los datos recientes confirman que la economía se expande, pero lo hace de forma desequilibrada.
Según el EMAE, la actividad registró en enero de 2026 un crecimiento del 0,4% mensual desestacionalizado, acumulando una suba bimestral del 2,2%. En términos interanuales, el avance fue de 1,9%, consolidando una tendencia de recuperación gradual pero aún lejos de una expansión robusta. En este contexto, las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) resultan consistentes con la dinámica observada: el crecimiento esperado para 2026 es de 3,4%, lo que implica una tasa mensual promedio de apenas 0,18%, claramente por debajo del ritmo reciente. En otras palabras, si no hay shocks negativos, el objetivo luce alcanzable.
Sin embargo, el dato agregado esconde una fuerte heterogeneidad sectorial. Si se analiza la evolución por sectores —comparando el trimestre noviembre-diciembre-enero 2025/26 contra el mismo período del 2023/2024, durante el cambio de Gobierno— aparece con claridad el patrón que estructura esta etapa del ciclo. Los sectores primarios y algunos servicios lideran la expansión: agricultura crece 28%, pesca 32% y minería 17%, mientras que la intermediación financiera avanza 29% y hoteles y restaurantes un 13%. En contraste, los sectores más intensivos en empleo y con mayor capacidad de generar encadenamientos productivos muestran retrocesos: la industria cae 1,5%, la construcción 7% y la administración pública 3%.
Una de cal y otra de arena
Esta configuración no es neutral. La economía crece, pero lo hace apoyada en sectores que, si bien son dinámicos y generadores de divisas, tienen una menor capacidad de traccionar empleo y de irradiar crecimiento al resto del sistema productivo. El resultado es una expansión que convive con un mercado laboral debilitado. El dato más reciente lo confirma: la tasa de desempleo alcanzó el 7,5% en el último trimestre de 2025, con una suba de 1,1 puntos porcentuales interanual. Es decir, la economía crece, pero no genera suficiente empleo para absorber la oferta laboral.
Este desacople entre actividad y empleo refleja un problema más profundo: la falta de densidad productiva. Cuando el crecimiento se concentra en recursos naturales y servicios específicos, el impacto sobre el resto de la economía es limitado. La industria, la construcción y otros sectores ligados al mercado interno no sólo quedan rezagados, sino que pierden peso relativo, reduciendo la capacidad del sistema económico de sostener una expansión más equilibrada y resiliente.
En este contexto, el desafío de política económica no pasa únicamente por sostener el crecimiento agregado, sino por mejorar su composición. Esto implica, en primer lugar, generar condiciones de competitividad para los sectores transables no primarios, que hoy enfrentan un contexto complejo marcado por costos elevados y competencia externa.
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