Desinflación y tensión global: la economía entra en una etapa de prueba

Con menor inflación, pero actividad débil y un mundo más inestable, el programa económico enfrenta su mayor desafío

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El inicio de 2026 encuentra a la economía argentina en una etapa distinta a la de los últimos años: con algunos desequilibrios macroeconómicos corregidos, pero todavía con desafíos importantes por delante. La baja de la inflación, la debilidad de la actividad y el nuevo escenario internacional configuran un panorama complejo para la próxima fase del programa económico.

“El programa de estabilización logró ordenar algunas variables macroeconómicas que estaban completamente desalineadas, sobre todo en el frente fiscal y cambiario, pero eso no significa que el proceso esté terminado”, explicó a este medio el economista platense Maximiliano Ramírez, director de Lambda Consultores y ex subsecretario de Programación Macroeconómica en el Ministerio de Economía de la Nación.

En el plano internacional, el contexto volvió a tornarse más incierto. La política monetaria de Estados Unidos sigue condicionando las variables financieras globales, mientras que la escalada del conflicto en Medio Oriente reintrodujo volatilidad en los mercados, especialmente a partir del impacto en el precio del petróleo.

“Un conflicto más profundo en Medio Oriente puede generar un shock energético global. Si el precio del petróleo se mantiene alto, eso puede frenar la desinflación en el mundo y afectar el crecimiento. Para Argentina, el impacto es mixto: mejora los términos de intercambio, pero complica el financiamiento”, señaló Ramírez.

En el frente interno, uno de los ejes centrales del programa económico continúa siendo la acumulación de reservas. En lo que va del año, el Banco Central logró compras por más de U$S3.000 millones, lo que permitió sostener la estabilidad cambiaria incluso en un contexto internacional más volátil.

“El Banco Central logró comprar reservas y eso le dio estabilidad al mercado cambiario. El tipo de cambio está relativamente estable y los dólares financieros se movieron poco, lo cual es un dato positivo en este contexto internacional”, sostuvo el economista.

Sin embargo, el principal desafío sigue siendo la inflación. En febrero se ubicó en 2,9% mensual, prácticamente en línea con enero, pero con una inflación núcleo en torno al 3,1%, mostrando resistencia a la baja.

“La inflación bajó mucho respecto a 2024, pero ahora entramos en una etapa más difícil, donde la inercia inflacionaria pesa mucho. La desinflación va a continuar, pero probablemente a un ritmo más lento del que esperaba el mercado”, explicó Ramírez.

Este escenario comenzó a reflejarse en las expectativas. Las proyecciones de inflación para 2026 se ajustaron al alza y se ubican en torno al 27% anual, mientras que el tipo de cambio oficial muestra una evolución más moderada, lo que podría derivar en una apreciación del tipo de cambio real si los precios continúan creciendo por encima del ritmo de devaluación.

En el frente fiscal, la caída real de la recaudación tributaria —que lleva varios meses consecutivos— refleja la debilidad de la actividad económica, uno de los puntos más sensibles del actual programa.

“Hoy el equilibrio fiscal se está logrando en un contexto de actividad económica débil. El gran desafío es que la economía vuelva a crecer sin que eso implique perder el orden macroeconómico”, advirtió.

En los mercados financieros, la combinación de avances y dudas también se hace visible. El riesgo país se mantiene por debajo de los niveles de años anteriores, pero todavía alto para recuperar el acceso pleno al crédito internacional, mientras que el mercado accionario muestra un desempeño dispar entre sectores.

Para Ramírez, la economía argentina entró en una nueva fase: “La primera etapa del programa fue la estabilización. Ahora empieza la etapa de validación. El mercado ya no mira solo el ajuste inicial, sino si el programa es sostenible en el tiempo”.

En ese marco, el economista sostuvo que la economía argentina atraviesa una etapa de definiciones. El programa logró ordenar variables que durante años parecían fuera de control, pero el mercado ahora exige algo más que la disciplina inicial: necesita señales claras de sostenibilidad.

Con una inflación que muestra mayor resistencia a la baja, un contexto internacional más volátil por el conflicto en Medio Oriente y un nivel de actividad aún frágil, la próxima etapa del programa económico pondrá a prueba su consistencia.

Y concluyó: “La inflación, la acumulación de reservas y la recuperación de la actividad van a ser las tres variables que van a definir si el programa económico logra consolidarse. La estabilidad ya no alcanza por sí sola: ahora hay que demostrar que se puede sostener”.

“Un conflicto más profundo en Medio Oriente puede generar un shock energético global”

 

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