Suben los boletos, pero el servicio de micros no mejora

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No es la primera vez que un servicio público –y el del transporte de pasajeros lo es- demanda y consigue un aumento en las tarifas o en este caso, en el costo del pasaje, sin que se concreten mejoras en la prestación. Por el contrario, en muchas ocasiones no sólo no se ofrecen mejoras, sino que el servicio empeora.

Este fenómeno que se traduce en mayores costos para los bolsillos de la población y en una mala oferta por parte de las empresas prestadoras es el que se presenta en estas jornadas en la Región, en donde pasajeros de distintas localidades cuestionan la suba registrada en el costo de los boletos de colectivos, de casi el 15 por ciento, mientras que el servicio exhibe aún deficiencias.

Demoras prolongadas entre el paso de las unidades, una baja frecuencia que se registra en la mayoría de las líneas en lo que se conoce como “horario de verano” conforman, entre otros, el foco de los reclamos. Según los testimonios vecinales, el inicio de marzo, un mes conocido por el recomienzo de varias actividades interrumpidas por las vacaciones, no se ha traducido en una mejora todavía de las condiciones del servicio.

En las paradas el clima es de enojo e incertidumbre. En una recorrida por distintas zonas, cronistas de este diario registraron que muchos usuarios protestaban por igual ante el nuevo precio del boleto y por el funcionamiento del servicio. “Me tomo cuatro micros por día. Gasto más de 3.000 pesos diarios y el servicio no es bueno. Faltan micros y tardan mucho en llegar. Por ejemplo, al Oeste lo espero entre 20 y 30 minutos siempre”, contó una vecina de Abasto.

Una cifra parecida estimó una pobladora de Melchor Romero, que también se quejó por el excesivo tiempo que esperó la llegada de una unidad: “Tomo cuatro micros por día, unos 4 mil pesos diarios. Por mes llego a los 80 mil pesos, pues debo combinar el uso de dos micros, uno del Sur y el otro del Norte para llegar a mi destino laboral”. En el día en que brindó este testimonio, como no llegaba el micro, debió caminar unas 20 hasta el Centro platense.

Aseguró también que los propios choferes le explicaron por qué circulan menos unidades: “Me dijeron que hay menos micros porque el contexto no es bueno y también porque muchos están de vacaciones”.

Aquí cabe reseñar que un sondeo realizado hace varios años en el Concejo Deliberante había determinado que el sistema de transporte de pasajeros en la zona se encontraba colapsado –esto es no sólo en enero y febrero, sino a lo largo de los doce meses del año- y que quedaba en evidencia que los horarios y los ramales estaban desactualizados, pues no cubrían necesidades de los vecinos.

Ninguna excusa financiera o funcional justifica que un pasajero deba esperar una hora el paso de un micro y que éste, cuando finalmente pasa, no se detenga en las paradas. Al margen de la consistencia de los eventuales factores que puedan invocar las empresas, se debería dar por descontado que los pasajeros no debieran ser quienes sufran los perjuicios directos que supone la reducción de frecuencias. Carecen de toda justificación, entonces, las injustas tribulaciones que enfrentan los pasajeros desatendidos.

 

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