Crecen en La Plata las consultas por pubertad precoz en niñas
Edición Impresa | 8 de Marzo de 2026 | 01:30
Felicitas tenía menos de seis años cuando su madre, María, notó algo distinto durante el baño diario. “Le pasé el jabón y en uno de los pechos le sentí un bultito, me desesperé, fui directamente al pediatra y él nos mandó a hacer una ecografía”, recuerda. Lo que en un primer momento asustó a la familia resultó ser, según la primera evaluación, “un botón mamario”: la primera señal física de la pubertad, la telarca. Era 2017. La endocrinóloga infantil que atendió a Felicitas les explicó que había que frenar ese desarrollo con inyecciones para evitar que, en poco tiempo, la evolución corporal se precipitara hasta provocar una menarca (primera menstruación) a los 8 años, con el impacto psicológico que eso hubiera implicado, además de acortar la altura final de la niña. El tratamiento se realiza, según la droga indicada por el médico, en forma mensual , trimestral o semestral.
La historia de Felicitas no es un caso aislado. En las consultas pediátricas y en los servicios de endocrinología infantil de todo el mundo -y también en La Plata- se vio, sobre todo desde la última década y con especial énfasis durante la pandemia de COVID-19, un notable aumento de consultas y diagnósticos por inicio puberal a edades cada vez más tempranas.
“La pubertad es un proceso normal de los chicos y chicas, pero cuando pasa antes de tiempo hay que estudiarlo”, explica la endocrinóloga infantil Andrea Reinoso (MP 115466), del Hospital Sor María Ludovica. Subraya dos motivos principales por los cuales conviene evaluar temprano: lo emocional y lo físico, sobre todo la afectación de la talla final.
QUÉ ES PUBERTAD PRECOZ
¿Qué es pubertad precoz? Las especialistas coinciden: en las nenas, que constituyen el 90 por ciento de los casos, se la considera con la aparición de caracteres sexuales secundarios antes de los 8 años. En varones, antes de los 9. En la práctica clínica, la aparición del “botoncito mamario” es la señal que más alarma provoca en las familias. Entre ese primer signo y la menarca suelen transcurrir entre dos y dos años y medio, por lo que intervenir a tiempo puede frenar la progresión y dar más tiempo de crecimiento antes del cierre de los cartílagos óseos.
“Lo importante es estudiar y, si corresponde, tratar”, afirma Reinoso. El protocolo típico incluye una radiografía de la mano para conocer la edad ósea, una ecografía pélvica y análisis hormonales. Con esos datos y el examen físico se define si es conveniente hace un seguimiento o encarar un tratamiento con análogos de la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH), drogas inyectables que bloquean la señal cerebral que ordena el inicio de la pubertad.
“La medicación frena ese avance y permite más tiempo de crecimiento; la duración varía según el caso”, completa Viviana Balbi (MP 16587), endocrinóloga infantil.
LAS CONSECUENCIAS
Las consecuencias potenciales no son menores. Además del impacto psicológico, nenas que lucen y sienten un cuerpo adelantado respecto de sus compañeras, está la pérdida de talla final por el cierre precoz de las placas de crecimiento.
“Por eso hay que estar atentos a la velocidad de progresión de los signos clínicos”, advierte Balbi. Y recuerda que no todas las niñas con telarca temprana necesitarán medicación: hay casos de telarca idiopática que no progresa y solo ameritan observación estrecha.
Las causas de la pubertad precoz son múltiples y, a menudo, difusas. En la mayoría de las niñas no se identifica un factor orgánico y la genética tampoco es determinante. Entre los factores que la bibliografía y los especialistas señalan como asociados se encuentran la obesidad infantil, la exposición a disruptores endocrinos y cambios en hábitos de vida, como mayor tiempo de exposición a las pantallas y poco descanso, que pueden alterar las señales neuroendocrinas.
HÁBITOS COMPLICADOS
Sobre la obesidad, el recorte reciente de investigaciones internacionales marca una relación clara: el exceso de tejido adiposo eleva niveles de leptina, una hormona que puede favorecer el desencadenamiento de los procesos puberales. A eso se suman sustancias químicas como bisfenol A, parabenos, ftalatos y fitoestrógenos, que imitan o interfieren con la acción hormonal y que pueden actuar como “señales extra” sobre el sistema reproductivo en desarrollo.
“Hay bibliografía respecto al efecto de los disruptores endocrinos, que se asemejan a estrógenos; los fitoestrógenos (derivados de la soja) y el bisfenol A están entre los más estudiados”, explica Balbi.
El uso de envases plásticos para calentar o cocinar resultó entre los mecanismos de mayor impacto en algunos trabajos, mientras que el simple transporte de bebidas en botellas plásticas casi no mostró relación.
Durante la pandemia se discutió mucho sobre el rol del confinamiento en el aumento de consultas. Varios estudios no encontraron un aumento significativo del índice de masa corporal en los niños que consultaron por pubertad precoz, pero sí detectaron cambios de hábitos: mayor sedentarismo, más exposición a pantallas, alteraciones del sueño y, por ende, potenciales cambios en la secreción de melatonina, una hormona que regula ritmos y puede influir en el inicio puberal.
“El número de consultas se duplicó o triplicó en pandemia”, recuerda Balbi, que subraya la complejidad para atribuir causas únicas a este fenómeno.
UNA EXPLICACIÓN CLARA
La experiencia de la familia de Felicitas ilustra el camino práctico y emocional. María cuenta que la endocrinóloga les indicó el tratamiento y les explicó con palabras muy claras a la niña lo que ocurría: “Le dijimos: ‘¿Viste que estás creciendo todos los días, como se ve en la marca de la pared? Bueno, hay que frenarlo un poquitito porque está pasando muy rápido’”.
La pubertad es un proceso normal de los chicos y chicas, pero cuando pasa antes de tiempo hay que estudiarlo”
Andrea Reinoso Endocrinóloga infantil
Buscó además la manera de hacer que la aplicación de las inyecciones fuera menos traumática: contrató una enfermera que iba a su casa, para que Felicitas se sintiera segura. El cambio de hábitos propuesto por la médica -erradicar los recipientes plásticos para calentar alimentos, reducir el consumo de pollo, cuidar el peso y el sueño- implicó ajustes domésticos. Sin embargo, aclara María, “no enloquecí; lo que estaba a mi alcance lo cambiaba, pero si ella iba a un cumpleaños y había envasados, no podía hacer nada”.
DISTINTAS EXPERIENCIAS
No todas las familias experimentan la misma tranquilidad. “Hay nenas que lo sufren mucho más”, dice María, que reconoce que la información y el apoyo profesional la ayudaron a que la experiencia fuera “normal” para Felicitas. La comunicación cuidadosa y la contención psicológica son, en muchos casos, tan importantes como el manejo médico.
El tratamiento tuvo un costo y una carga logística: las drogas son muy caras y prácticamente inaccesibles sin cobertura. “Es muy costoso, imposible de comprar”, admite María, que logró que su obra social cubriera el 100% del tratamiento. Reinoso y Balbi coinciden en que, en general, los análogos se entregan a través de hospitales y que las obras sociales o programas estatales suelen cubrirlos si el tratamiento está indicado y se gestiona a una edad temprana. Por eso insisten en la importancia de estar atentos a los cambios y consultar con un profesional.
La medicación frena ese avance y permite más tiempo de crecimiento; la duración varía según el caso”
Viviana Balbi Endocrinóloga infantil
Las endocrinólogas infantiles recomiendan que los controles incluyan no solo radiografías y medición de la edad ósea, sino un acompañamiento para que las niñas y sus familias procesen las transformaciones corporales y emocionales.
EN VARONES, POCO FRECUENTE
En varones el fenómeno es menos frecuente y más difícil de detectar por los padres, porque el primer signo -aumento del volumen testicular- requiere de palpación y medición específicas que suelen realizar los pediatras con orquidómetros, aunque, resalta Reinoso, no solo los profesionales deben estar atentos sino “la población en general”.
Si hablamos de prevención, no hay recetas mágicas y hay causas no son fácilmente controlables. Sin embargo, las especialistas coinciden en recomendaciones prácticas para reducir factores de riesgo: promover una alimentación saludable y evitar sobrepeso; limitar el consumo de productos con fitoestrógenos y ultraprocesados; reducir la exposición a plásticos al calentar o conservar alimentos; ventilar espacios luego de usar productos de limpieza y evitar maquillajes y cosméticos infantiles que contengan parabenos o ftalatos.
También aconsejan regular el tiempo de pantalla y asegurar horarios de sueño adecuados.
El caso de Felicitas terminó con un seguimiento y un tratamiento que se suspendió a los 11 años, cuando las condiciones lo permitieron. “El tratamiento frena el desarrollo pero no el crecimiento -explica María-. Le sacaban placa de la mano una vez al año, porque si los cartílagos están abiertos se siguen desarrollando. Tras la primera menstruación, se cierran”.
Ese control permitió a la familia transitar el proceso con menos incertidumbre y un desarrollo normal en la estatura final de la niña.
La tendencia hacia un inicio puberal más temprano es un motivo de vigilancia sanitaria y de investigación. Mientras se avanza en comprender la interacción entre genética, medio ambiente, nutrición y hábitos de vida, la invitación de los especialistas es a la atención temprana: ante la mínima sospecha, como un botón mamario en una niña pequeña, vello pubiano precoz, cambios corporales inesperados, es clave consultar al pediatra y, de ser necesario, derivar a endocrinología infantil para evaluar, estudiar y, si corresponde, tratar.
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