Wilde, el escritor que desafió a los síntomas de la época

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Nacido en Dublín el 16 de octubre de 1854, cuando Irlanda aún formaba parte del Reino Unido, Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde se convirtió en una de las figuras más brillantes y controvertidas del Londres victoriano tardío. Escritor, poeta y dramaturgo, fue celebrado por su ingenio fulminante, sus epigramas inolvidables y una obra que conjugó estética, ironía y crítica social.

Creció en un ambiente intelectual que marcaría su destino. Desde joven destacó en el Trinity College y luego en el Magdalen College de Oxford, donde abrazó la convicción de que el arte debía existir por sí mismo. Influido por pensadores como John Ruskin y Walter Pater, defendió la supremacía de la belleza con frases tan provocadoras como la que escribió en su única novela, El retrato de Dorian Gray: “Todo arte es completamente inútil”. Su vida dio un giro trágico cuando demandó por difamación al marqués de Queensberry, padre de su amante, lord Alfred Douglas. El proceso judicial terminó volviéndose en su contra: fue condenado en 1895 por “indecencia grave” y sentenciado a dos años de trabajos forzados. En prisión redactó De Profundis, una extensa carta donde reflexionó sobre el dolor, la espiritualidad y la redención, alejándose del hedonismo que había defendido. Liberado en 1897, partió a Francia arruinado y enfermo. Murió en París el 30 de noviembre de 1900, a los 46 años, víctima de meningitis.

Su caída pública lo convirtió en símbolo de la intolerancia de su época, pero su obra sobrevivió al escándalo.

Oscar Wilde

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