Playas bonaerenses en grave riesgo por el avance del mar
Edición Impresa | 9 de Marzo de 2026 | 02:04
El océano Atlántico avanza entre 0.5 y 2 metros por año en la costa bonaerense, en un fenómeno que resulta ostensible en varios balnearios. Para decirlo en términos sencillos, el mar se está devorando a varias playas, indefensas frente a ese avance.
Tal como se dijo en un reciente artículo publicado en este diario, en buena parte de la costa atlántica bonaerense, la pérdida de playas, causada por una suma de factores ajenos al propio del cambio climático, dejó de ser una advertencia científica para convertirse en una experiencia cotidiana.
Donde antes había amplias franjas de arena hoy el mar avanza hasta el borde de los balnearios, las carpas quedan al límite del oleaje y el espacio público se reduce de manera visible.
En el curso de este verano sudestadas más frecuentes combinadas con pleamares altas agravaron una situación ya frágil. Uno de los episodios más significativos ocurrió el 3 de enero, pasado cuando una fuerte sudestada dejó sin playa a varias localidades y redujo drásticamente los sectores públicos en zonas muy concurridas, como Playa Grande, en Mar del Plata. “El nivel del mar sube, aumentaron las sudestadas y las playas están mal alimentadas”, resumió un geólogo platense, doctor en Ciencias Naturales e investigador del Conicet.
Para el especialista, el escenario actual expone una vulnerabilidad estructural del litoral bonaerense.
Los datos confirman la magnitud del fenómeno. Estudios regionales indican que toda la franja costera entre Mar del Plata y Pehuencó retrocede en promedio 0,5 metros por año. En la denominada barrera oriental —que incluye Villa Gesell, Pinamar y el Partido de la Costa— la situación es más crítica: en sectores céntricos se pierden entre 1 y 2 metros de playa por año, y en décadas anteriores hubo zonas donde el retroceso alcanzó hasta 5 metros anuales.
Existencia de avenidas cercanas y paralelas a las playas que impide la preservación de las masas de arena (médanos) que sirven para retroalimentar a la costa; construcciones en los balnearios que detienen el paso de la arena por debajo y construcciones inadecuadas como muchas escolleras fueron marcadas hace varias décadas, entre otros factores, por geólogos platenses como el fallecido Enrique Schnack, un especialista que fue convocado año tras año por países europeos, como el de Alemania, para que aportara conocimientos para luchar contra la erosión costera que se registraba en el Mar del Norte.
“La mano del hombre alteró gran parte de los procesos naturales que permiten la existencia de ciclos de erosión y acreción en la costa bonaerense. En los últimos años el ancho de algunas playas en la costa atlántica bonaerense se ha reducido en forma visible. Al achicarse el espacio de amortiguación entre las olas y las construcciones costeras públicas y privadas, el efecto de las tormentas es más severo”, advirtió hace más de tres décadas aquel especialista .
En similares términos expertos actuales sostuvieron que gran parte del problema aparece a partir de obras costeras construidas sin una planificación regional, como espigones, escolleras o rompeolas que interfieren en el transporte de arena. Estas estructuras funcionan como trampas de arena: favorecen la acumulación de sedimentos en un lugar puntual, pero reducen o anulan el aporte hacia las playas.
Está claro que los distintos organismos provinciales con responsabilidad en el tema debieran actuar con firmeza, a partir de las negativas consecuencias que se vinieron sumando al desconocerse –de manera tan incomprensible como reiterada- las pautas que deben ser respetadas para preservar la riqueza natural de nuestras playas.
Es de esperar que, frente a la elocuencia de las pérdidas y teniendo a la vista el asesoramiento de los especialistas –así como el modelo seguido en muchos países para evitar estas gravosas erosiones costeras- las autoridades extremen todas aquellas políticas de preservación de recursos que resultan tan valiosos como difíciles de recuperar, si se permite su degradación.
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