Irán usó un satélite chino para guiar sus ataques contra bases de EE UU

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La guerra moderna ya no se libra solo en tierra o aire: también se decide desde el espacio. Documentos internos revelados por el Financial Times exponen que Irán utilizó un satélite de origen chino para identificar y atacar bases militares de Estados Unidos en Medio Oriente durante los enfrentamientos de marzo de 2025, marcando un giro significativo en la dinámica del conflicto.

El sistema en cuestión, denominado TEE-01B, fue adquirido por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) tras su lanzamiento en 2024. A través de un acuerdo millonario con empresas chinas, Teherán obtuvo no solo el control del satélite, sino también acceso a infraestructura terrestre y redes de datos globales, lo que potenció su capacidad de vigilancia militar.

MONITOREO DE ALTA PRECISIÓN

Gracias a su alta resolución -muy superior a la de satélites iraníes previos-, el dispositivo permitió monitorear con precisión instalaciones estratégicas. Entre ellas, la base aérea Prince Sultan en Arabia Saudita, donde imágenes captadas en días previos a un ataque mostraron movimientos clave. El 14 de marzo, el presidente Donald Trump confirmó daños en aeronaves estadounidenses tras una ofensiva con misiles y drones.

El alcance del espionaje no se limitó a un único objetivo. También fueron observadas bases en Jordania, Irak, Kuwait y Yibuti, además de infraestructuras civiles críticas en Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Este nivel de detalle permitió a los mandos iraníes no solo anticipar ataques, sino también evaluar sus resultados en tiempo real.

Especialistas advierten que el uso del TEE-01B evidencia una estrategia más sofisticada: combinar tecnología comercial con fines militares. La participación de empresas como Emposat refuerza las sospechas sobre la delgada línea entre el sector espacial civil y el aparato de defensa chino.

El impacto geopolítico es profundo. La cooperación entre Beijing y Teherán, en un contexto donde China es socio clave del Golfo, genera tensiones adicionales con Washington. Además, la posibilidad de que el control satelital se gestione desde fuera de Irán complica eventuales intentos de neutralizar estas capacidades.

En un escenario donde la información vale tanto como el armamento, el uso de un satélite chino por parte de Irán redefine las reglas del juego y abre un nuevo capítulo en la disputa por el dominio estratégico del espacio.

 

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