Premier inglés acorralado por el caso Epstein

Starmer admitió fallas en designación del embajador en EE UU vinculado al financista pedófilo. Crece la presión para que renuncie

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El primer ministro británico Keir Starmer quedó en el centro de una fuerte tormenta política tras admitir que fue un error nombrar a Peter Mandelson como embajador del Reino Unido en Washington. La polémica, lejos de disiparse, crece con cada nueva revelación y expone tensiones internas en su gobierno, además de alimentar las críticas de la oposición.

El núcleo del escándalo está en los vínculos de Mandelson con Jeffrey Epstein. Starmer reconoció ante la Cámara de los Comunes que no habría seguido adelante con la designación de haber sabido que el diplomático no superó los controles de seguridad. “Fue un juicio erróneo”, admitió, al tiempo que pidió disculpas públicas y asumió la responsabilidad política de la decisión.

REPARTO DE CULPAS

Sin embargo, el jefe de gobierno intentó repartir culpas al señalar que funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores no le informaron sobre las advertencias de riesgo. Esa explicación generó escepticismo inmediato. Desde la oposición, Kemi Badenoch cuestionó su falta de curiosidad y sugirió que el primer ministro evitó profundizar en los antecedentes de Mandelson. Por su parte, Ed Davey fue aún más duro: calificó el nombramiento como un “error de juicio catastrófico” y sostuvo que Starmer parece “ejercer el cargo, pero no el poder”.

La crisis escaló con la destitución de Mandelson, apenas nueve meses después de asumir, y con la salida del alto funcionario Olly Robbins, despedido tras conocerse el caso. No obstante, aliados de Robbins aseguran que él no podía compartir detalles sensibles derivados de los controles de seguridad, lo que abre interrogantes sobre el funcionamiento interno del gobierno y los canales de información hacia el primer ministro.

El trasfondo del caso es aún más delicado. Documentos difundidos en Estados Unidos señalan que Mandelson habría compartido información gubernamental potencialmente sensible con Epstein en 2009, en un contexto posterior a la crisis financiera global. Estas revelaciones derivaron en una investigación penal en el Reino Unido. Aunque Mandelson niega cualquier irregularidad y no enfrenta cargos formales, el impacto reputacional es significativo.

Dentro del Partido Laborista también crece la preocupación. Algunos legisladores, ya inquietos por la caída en las encuestas y las dificultades del gobierno para reactivar la economía, temen que este escándalo profundice el desgaste. Starmer ya había sorteado un primer intento de rebelión interna meses atrás, pero el panorama podría complicarse con las elecciones locales previstas para mayo, vistas como un termómetro de su gestión.

El propio gobierno intentó cerrar filas. El viceprimer ministro David Lammy defendió a Starmer al asegurar que jamás habría hecho el nombramiento si hubiera conocido los problemas de seguridad. Aun así, la percepción pública parece haber cambiado.

Más allá de las responsabilidades individuales, el caso deja al descubierto fallas en los mecanismos de control y en la toma de decisiones al más alto nivel.

 

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