El petróleo, la adicción que el mundo no logra dejar atrás

Edición Impresa

Dejar atrás el petróleo suena, en teoría, como una decisión lógica frente al cambio climático. Pero en la práctica, el mundo sigue atado al llamado “oro negro” con una fuerza difícil de romper. A tres años de la promesa global de iniciar la salida de las energías fósiles, la realidad muestra una dependencia que atraviesa economías, políticas y hasta conflictos internacionales.

El problema no es solo energético: es estructural. Los mercados financieros, las exportaciones y buena parte del crecimiento económico global giran en torno a los hidrocarburos. Un corte abrupto no sería una transición, sino un colapso. Hay países cuya estabilidad depende casi por completo del crudo, como Arabia Saudita, Kuwait o Irak, pero también economías más diversificadas -como Brasil- sentirían un impacto devastador si desapareciera de golpe ese ingreso clave.

FACTOR POLÍTICO DECISIVO

A esto se suma un factor político decisivo. Aunque algunas potencias tienen capacidad para acelerar el cambio hacia energías limpias, muchas veces falta voluntad. El regreso de discursos que priorizan la explotación de recursos fósiles refleja una mirada de corto plazo, donde la urgencia económica pesa más que la ambiental. En ese escenario, la transición queda relegada o, directamente, cuestionada.

El poder del sector también juega su parte. La industria del petróleo y el gas es uno de los lobbies más influyentes del planeta y lleva décadas trabajando para ralentizar cualquier transformación profunda. Su peso se hace sentir en decisiones políticas, estrategias empresariales e incluso en negociaciones internacionales.

Por otro lado, la transición energética exige dinero, y mucho. Los países más dependientes del petróleo necesitan apoyo financiero para reconvertir sus economías, mientras que las naciones más pobres requieren recursos para adoptar tecnologías limpias. Sin un sistema global que facilite ese cambio, el proceso avanza a distintas velocidades, generando tensiones y desigualdades.

Sin embargo, no todo es estancamiento. Las energías renovables ganan terreno a un ritmo récord y ya representan una parte significativa de la capacidad eléctrica mundial.

 

 

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE