El búnker oculto en la Casa Blanca que vuelve al centro de la escena

Edición Impresa

El hermetismo que rodea la seguridad de la Casa Blanca rara vez deja ver lo que ocurre bajo su superficie. Sin embargo, una reciente batalla judicial impulsada por el presidente Donald Trump para avanzar con la construcción de un ambicioso salón de baile permitió vislumbrar un elemento clave: un histórico búnker subterráneo que sigue siendo parte central del sistema de protección presidencial.

El proyecto, valuado en unos 400 millones de dólares, contempla un enorme salón de 8.400 metros cuadrados en el predio donde se encontraba la antigua Ala Este, demolida el año pasado. Aunque un juez federal había bloqueado las obras en superficie, un tribunal de apelaciones habilitó su continuidad, especialmente en lo referido a estructuras vinculadas a la seguridad nacional. Entre ellas, la modernización y refuerzo de instalaciones subterráneas, incluyendo refugios antibombas, sistemas militares y un centro médico.

La existencia de este búnker no es nueva. Su origen se remonta a 1942, durante la presidencia de Franklin D. Roosevelt, en plena Segunda Guerra Mundial. Concebido como un refugio de emergencia, el llamado Centro de Operaciones de Emergencia Presidencial fue pensado para estancias breves en situaciones críticas. La lógica, explican expertos, es simple: en caso de amenaza, el presidente debe ser trasladado a un lugar desconocido, lejos de los focos de riesgo.

A lo largo de la historia, este refugio ha sido utilizado en momentos de extrema tensión. El vicepresidente Dick Cheney fue llevado allí durante los ataques del 11 de septiembre de 2001 en una evacuación abrupta. Más cerca en el tiempo, el propio Trump fue trasladado al búnker en 2020, mientras se desarrollaban protestas frente a la Casa Blanca tras la muerte de George Floyd.

Según documentos judiciales, las nuevas obras buscan garantizar la integridad de estas estructuras. Desde el Servicio Secreto sostienen que dejar el proyecto inconcluso podría comprometer la seguridad presidencial. Trump, por su parte, detalló que el complejo incluirá tecnología de defensa contra drones, sistemas avanzados de ventilación, medidas de biodefensa y comunicaciones seguras.

No obstante, el proyecto enfrenta críticas. El National Trust for Historic Preservation argumenta que se avanzó sin las aprobaciones necesarias, lo que derivó en el litigio aún en curso. Con una audiencia clave prevista para junio, el futuro de esta construcción -y de lo que protege bajo tierra- sigue siendo incierto.

 

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE