Una gala que de pronto pasó al caos generalizado
Edición Impresa | 27 de Abril de 2026 | 03:23
La tradicional cena de corresponsales en el hotel Washington Hilton arrancó como cada año: trajes impecables, vestidos de gala, copas en alto y una tensión latente entre periodistas y poder político. En ese escenario, el presidente Donald Trump se preparaba para hablar, con ánimo combativo frente a una prensa con la que mantiene una relación tirante. “De verdad estaba listo para destrozarlos”, admitiría después. Mientras tanto, los invitados degustaban una ensalada de arvejas con burrata y aguardaban el plato principal, un sofisticado chateaubriand y langosta de Maine.
El clima, sin embargo, cambió de golpe. Un estruendo seco interrumpió la velada. “Esperaba que fuera una bandeja. Pero no lo era”, relató Trump más tarde. Desde los accesos al salón comenzaron a escucharse gritos de “¡disparos!”, y el caos se apoderó de la escena. Copas que caían, platos rotos, vino derramado y más de 2.300 personas buscando refugio bajo mesas y sillas. “Escuché un estallido, pero no sabíamos qué demonios era”, explicó el congresista Mike Lawler, uno de los testigos.
En el escenario, el mentalista Oz Pearlman intentaba continuar su show frente a una audiencia paralizada por el miedo. Durante unos segundos, Trump pareció un espectador más del desconcierto, hasta que el Servicio Secreto irrumpió con fuerza. Según contó luego, fue Melania Trump quien comprendió primero la gravedad: “Ese es un ruido malo”, le dijo. De inmediato, agentes armados rodearon al mandatario, mientras el vicepresidente JD Vance era retirado del lugar.
EVACUACIÓN FRENÉTICA
La evacuación fue frenética. Funcionarios, asesores y periodistas se arrojaban al suelo o se arrastraban entre mesas. Algunos intentaron entonar un cántico de “U.S.A.” mientras se llevaban a Trump, pero otros los hicieron callar ante la tensión. El presidente incluso tropezó antes de ser conducido a una suite segura detrás del escenario. Afuera, helicópteros sobrevolaban el área y las calles eran bloqueadas por patrullas, obligando a los invitados a caminar varias cuadras para alejarse.
Las autoridades confirmaron luego que el atacante, identificado como Cole Tomas Allen, de 31 años, había irrumpido armado con una escopeta, una pistola y cuchillos. Fue reducido rápidamente; un agente recibió un disparo en el chaleco antibalas y se recupera. Pese al dramatismo, no hubo víctimas graves entre los asistentes.
Horas después, ya en la Casa Blanca, Trump buscó mostrarse firme: “Cuando tienes impacto, van a por ti… No soy un manojo de nervios”. Y, con una mezcla de ironía y determinación, cerró sobre la gala interrumpida: “Fue una noche un poco diferente de lo que pensábamos… pero vamos a hacerlo otra vez”.
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