Desintoxicación digital: la idea de aflojar con el celular
Edición Impresa | 30 de Abril de 2026 | 03:46
Desplazarse sin aplicaciones como Google Maps, dejar de revisar redes como Instagram o prescindir de plataformas de música como Spotify: ese fue el desafío que asumió durante un mes un grupo de jóvenes en Estados Unidos, que cambió sus teléfonos inteligentes por dispositivos básicos de tapa.
La experiencia formó parte de “Un mes offline”, una iniciativa impulsada por una startup con el respaldo de una organización comunitaria local, que propone reducir el uso de la tecnología mediante desafíos colectivos. Los participantes recibieron celulares simples, con funciones limitadas a llamadas, mensajes de texto y algunas herramientas esenciales como la aplicación de transporte Uber, sincronizadas con sus dispositivos habituales.
Para muchos, el cambio implicó una ruptura con hábitos profundamente arraigados. Jay West, analista de datos en el sistema de metro de Washington, recordó que en más de una ocasión se sorprendió buscando su teléfono en el bolsillo por reflejo, aun sabiendo que no lo tenía. Incluso situaciones cotidianas, como esperar el micro sin saber cuándo llegaría, se convirtieron en parte del desafío.
El proceso no estuvo exento de incomodidades. La ausencia de herramientas digitales obligó a algunos participantes a adaptarse a dinámicas menos inmediatas: pedir indicaciones en la calle, organizar encuentros con mayor anticipación o recurrir a soportes físicos para el entretenimiento.
Rachael Schultz, por ejemplo, tuvo que consultar a ciclistas para orientarse en la ciudad, mientras que Lizzie Benjamin volvió a escuchar música en CD, desempolvando discos que su padre había grabado años atrás. En tanto, Bobby Loomis, trabajador del sector inmobiliario, señaló que antes del desafío le resultaba difícil ver un episodio completo de una serie sin mirar el celular.
A pesar de esas dificultades iniciales, muchos coincidieron en destacar efectos positivos. Entre ellos, la posibilidad de tolerar el aburrimiento, una sensación que suele evitarse en entornos hiperconectados. “A veces me aburría, y eso está bien”, resumió West durante un encuentro grupal en una huerta comunitaria, donde los participantes compartieron sus experiencias.
PREOCUPACIÓN CRECIENTE
Especialistas en psicología advierten desde hace años sobre los efectos del uso excesivo de dispositivos móviles. Entre las principales consecuencias se mencionan la disminución de la capacidad de atención, trastornos del sueño y mayores niveles de ansiedad.
En ese contexto, recientes decisiones judiciales también comenzaron a poner el foco en el diseño de las plataformas digitales. Un tribunal de California determinó que redes como Instagram y YouTube pueden ser responsables de fomentar comportamientos adictivos, en un fallo considerado relevante para futuras regulaciones.
Al mismo tiempo, encuestas reflejan un cambio de percepción entre los usuarios más jóvenes. Según un estudio de la consultora YouGov, más de dos tercios de las personas de entre 18 y 29 años manifestaron su deseo de reducir el tiempo que pasan frente a pantallas.
NUEVAS PRÁCTICAS SOCIALES
En respuesta a esta preocupación, comenzaron a proliferar distintas alternativas: aplicaciones que limitan el uso del celular, dispositivos de bloqueo y grupos que organizan desafíos colectivos de desconexión.
En los campus universitarios, por ejemplo, se volvieron habituales las “dietas digitales”, que consisten en períodos de varias semanas sin redes sociales. En paralelo, crecen las reuniones sin pantallas entre amigos, especialmente en grandes ciudades, donde se promueve la interacción cara a cara.
Para el psicólogo Kostadin Kushlev, investigador en la Universidad de Georgetown, prescindir del teléfono inteligente, incluso por períodos breves, puede generar “un mayor bienestar y una mejor capacidad para mantener la atención”. Además, estudios preliminares sugieren que estos efectos podrían sostenerse en el tiempo.
COMUNIDAD Y CAMBIO CULTURAL
Los organizadores de estos programas sostienen que el éxito de la desintoxicación digital no depende solo de dejar el teléfono, sino de ofrecer alternativas que resulten atractivas. En ese sentido, las iniciativas incluyen encuentros semanales, como debates grupales en espacios informales —incluso bares de karaoke—, donde los participantes pueden compartir sus avances y dificultades.
Josh Morin, uno de los impulsores de estos programas en Washington, subrayó que para romper con la dependencia tecnológica es necesario construir “una vida social, comunitaria y enriquecedora” que reemplace el tiempo antes destinado a las pantallas.
UNA TENDENCIA EN EXPANSIÓN
Más allá de estas experiencias puntuales, algunos analistas consideran que se trata de un fenómeno en expansión. Graham Burnett, profesor de la Universidad de Princeton, sostuvo que podría estar emergiendo un movimiento cultural comparable al inicio del ambientalismo en la década de 1960.
Casos como el de Kendall Schrohe, de 23 años, refuerzan esa idea. Tras completar el programa, logró orientarse sin depender de aplicaciones, eliminó su cuenta de Instagram y organizó su propio grupo de “sobriedad digital”, replicando la experiencia en su entorno.
“Adopté una perspectiva optimista y siento que estamos ante el comienzo de algo importante”, afirmó.
Aunque todavía incipiente, la desintoxicación digital gana terreno entre los jóvenes y plantea un interrogante sobre cómo evolucionará la relación con la tecnología en los próximos años, en un escenario donde la hiperconectividad convive con una creciente necesidad de desconexión.
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