Quebró el Aquarium y la Justicia define el destino próximo de 66 animales
Edición Impresa | 5 de Abril de 2026 | 03:18
La quiebra de Plunimar S.A., la empresa que operaba el Aquarium de Mar del Plata, abrió un proceso que excede lo estrictamente financiero. La resolución del Juzgado Nacional en lo Comercial N°20 no sólo ordena deudas y acreedores: también pone bajo la órbita judicial a 66 animales que permanecen en el predio y cuyo destino aún no está definido.
El expediente deja en claro que la compañía llegó a esta instancia sin margen. Sin ingresos desde el cierre del parque en marzo del año pasado y con una estructura de costos elevada, la firma admitió que no puede sostener la operación ni el mantenimiento de la fauna por un período prolongado. La caja disponible alcanza apenas para cubrir gastos básicos durante un plazo acotado, lo que imprime urgencia al proceso.
A diferencia de otras quiebras, el activo principal no está compuesto por bienes tradicionales. En el predio permanecen 56 pingüinos magallánicos, dos pingüinos rey, cuatro ejemplares de la especie saltarroca y cuatro lobos marinos. Todos requieren alimentación diaria, atención veterinaria y condiciones específicas de hábitat, lo que convierte la liquidación en un esquema atípico.
En este contexto, la sindicatura, a cargo de Andrea Hoff, avanzó con un esquema de continuidad mínima. Doce empleados continúan en funciones para garantizar sanidad, cuidado y seguridad. No hay actividad comercial ni ingresos asociados: la estructura se sostiene únicamente para evitar el deterioro de los animales mientras la Justicia define los pasos a seguir.
El caso suma un elemento adicional. Antes de la quiebra, la empresa había iniciado un proceso de venta de sus activos más valiosos con el objetivo de generar liquidez. La operación más relevante fue la transferencia de diez delfines a Egipto por U$S800.000. Según consta en la causa, esos fondos se destinaron a cubrir salarios, alimentación y costos operativos.
Ese antecedente marca un contraste con la comunicación pública de entonces, que había presentado el traslado como una reubicación. En el expediente judicial, en cambio, la operación aparece como parte de una estrategia para sostener financieramente a la empresa en un contexto crítico.
Sin embargo, esa venta no resultó suficiente. El resto de los animales quedó sin destino y pasó a ser el eje del proceso. La documentación judicial detalla múltiples intentos de venta que no prosperaron, pese a la existencia de interesados. Se registraron ofertas por U$S750.000 desde México, U$S950.000 desde China y propuestas desde Brasil y otros mercados, que no lograron concretarse por trabas regulatorias, exigencias sanitarias y dificultades logísticas.
Ese punto introduce uno de los aspectos más sensibles del caso. La comercialización de fauna marina depende de autorizaciones ambientales, controles sanitarios y traslados de alta complejidad. Con la quiebra ya decretada, cualquier operación deberá contar con autorización judicial, lo que añade un nivel adicional de control y tiempos más extensos.
En el predio permanecen 56 pingüinos magallánicos, 2 rey y más animales
El deterioro de la empresa se aceleró tras el cierre del parque, luego de no poder renovar el contrato de alquiler del predio. Desde ese momento, la compañía perdió su única fuente de ingresos y quedó obligada a restituir el inmueble desocupado, un objetivo que no logró cumplir. El plazo venció sin que los animales fueran trasladados, lo que suma presión sobre la resolución del expediente.
A este escenario se agrega la situación del grupo Dolphin, controlante internacional de Plunimar, que atraviesa un proceso de reestructuración con deudas superiores a U$S200 millones. La falta de respaldo financiero dejó a la filial local sin capacidad de sostener su operación en el momento más crítico.
Mientras tanto, el proceso avanza contra el tiempo. La empresa debe desocupar el predio, los recursos son limitados y los animales continúan generando costos diarios. La quiebra, en este contexto, no sólo busca ordenar pasivos, sino también evitar que la situación derive en un problema mayor.
El Aquarium queda así en el centro de un expediente inusual. La liquidación no se limita a activos convencionales: incluye la definición judicial sobre el destino de seres vivos, en un proceso donde la urgencia operativa convive con los tiempos propios de la Justicia.
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