Menos tecnología y menor potencial de rindes

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Uno de los aspectos que más preocupa al sector cerealero es que la caída no será solamente en superficie, sino también en intensidad productiva.

Las encuestas realizadas entre productores muestran que buena parte planea mantener o incluso reducir el nivel tecnológico aplicado en comparación con el año pasado. Eso implica menos fertilización, menor inversión en manejo y un potencial recorte de rindes.

Los especialistas advierten que, aun con buenas lluvias, el trigo necesita nutrición adecuada para expresar todo su potencial productivo. Sin esa inversión, los rindes podrían ubicarse muy por debajo de los alcanzados en la campaña récord anterior.

Un escenario económico que condiciona decisiones

Desde las entidades del agro remarcan que la campaña 2026/27 será extremadamente sensible a cualquier cambio económico.

Una mejora en el precio internacional del trigo, una baja en los fertilizantes o una reducción de los derechos de exportación podrían modificar las decisiones de los productores y recuperar parte del área perdida. Pero, por ahora, domina la prudencia.

Por eso, la próxima campaña triguera quedará marcada por una paradoja: el país atraviesa uno de los mejores escenarios climáticos para sembrar trigo en años, pero el contexto económico terminó frenando el entusiasmo y empujando una fuerte reducción de superficie.

 

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