Trigo: pese al clima ideal, la siembra caerá fuerte por los costos y la baja rentabilidad

Fertilizantes más caros, caída relativa del valor internacional del cereal y los márgenes ajustados motivan este cambio

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La campaña de trigo 2026/27 arrancará con una situación tan particular como preocupante para el sector agropecuario argentino: habrá menos trigo sembrado pese a que las condiciones climáticas son excelentes.

Las principales bolsas cerealeras del país ya proyectan una reducción del área implantada respecto del ciclo pasado. Mientras la Bolsa de Cereales de Buenos Aires calcula unas 6,5 millones de hectáreas, la Bolsa de Comercio de Rosario estima unas 6,6 millones, lo que representa alrededor de 500.000 hectáreas menos que en la campaña récord anterior.

El dato sorprende porque la disponibilidad de agua en los suelos es incluso mejor que la registrada en 2021, año considerado histórico para el cereal. Las lluvias de los últimos meses permitieron recomponer perfiles hídricos en gran parte de la región agrícola y dejaron un escenario ideal para la siembra fina. Sin embargo, la realidad económica terminó pesando más que el clima.

El gran problema: el costo de producir trigo

El principal factor detrás de la caída de la siembra es el fuerte aumento de los costos de producción, especialmente el de los fertilizantes nitrogenados.

La urea, uno de los insumos fundamentales para alcanzar buenos rindes en trigo, ronda actualmente los 1.000 dólares por tonelada. El problema no es solamente el valor en sí, sino la relación entre el costo del fertilizante y el precio del cereal.

En 2022, cuando la urea también tenía valores muy elevados, el trigo cotizaba cerca de los 350 dólares por tonelada. Hoy el cereal ronda apenas los 230 dólares. Eso significa que el productor necesita vender mucho más trigo para comprar la misma cantidad de fertilizante.

Desde el sector advierten que esta “relación insumo-producto” se volvió extremadamente desfavorable y deterioró los márgenes económicos de la campaña.

Márgenes ajustados y menor rentabilidad

Con precios internacionales más bajos y costos elevados, los márgenes del trigo quedaron muy ajustados, sobre todo en campos alquilados.

Muchos productores comenzaron a recalcular sus números y concluyeron que sembrar la misma superficie del año pasado implicaría asumir riesgos demasiado altos. Frente a eso, aparecieron dos caminos: reducir la fertilización —y resignar rendimiento— o directamente sembrar menos hectáreas para limitar pérdidas potenciales.

La preocupación no pasa solamente por cuánto trigo se sembrará, sino también por cómo se sembrará. Técnicos y entidades del sector ya anticipan una reducción en la aplicación de tecnología y fertilizantes, algo que impactaría directamente sobre los rindes nacionales.

De hecho, aunque el clima permitiría aspirar a una gran campaña, las proyecciones de producción ya fueron ajustadas justamente por la expectativa de menor inversión tecnológica.

El avance de otros cultivos de invierno

Otro fenómeno que comenzó a observarse es el reemplazo del trigo por otros cultivos de invierno con costos más bajos.

En zonas tradicionalmente trigueras, especialmente en el sudeste bonaerense, el cereal pierde terreno frente a alternativas como la cebada forrajera, la colza o la carinata. Estos cultivos requieren menores niveles de fertilización y presentan estructuras de costos más manejables para el productor.

El cambio responde a una lógica de cautela financiera. En un contexto donde cada dólar invertido cuenta, muchos productores priorizan opciones que demanden menos capital inicial y menor exposición al riesgo.

Las regiones donde más caerá la siembra

Las mayores bajas se proyectan en la región núcleo, Entre Ríos y distintos sectores de Buenos Aires.

En la región núcleo el recorte podría alcanzar el 17%, mientras que en Entre Ríos la disminución rondaría el 18%. En el sur bonaerense, uno de los grandes bastiones trigueros del país, también se espera una caída importante del área sembrada.

La zona central aparece como la más golpeada porque combina altos costos, presión sobre la rentabilidad y menor predisposición a invertir en tecnología.

En contraste, el norte argentino mostraría un comportamiento distinto. Provincias como Chaco y Santiago del Estero podrían aumentar el área destinada al trigo gracias a la buena disponibilidad de agua y a la necesidad de sostener rotaciones agrícolas frente a problemas sanitarios que afectan al maíz, como la chicharrita y el gusano cogollero.

 

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