Acuerdo Mercosur-UE: qué cambia para la Argentina

La entrada en vigencia provisional del tratado activa una baja masiva de aranceles, abre cuotas clave para exportaciones agroindustriales y promete más inversiones

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La entrada en vigor provisional del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur marca un punto de inflexión para la Argentina. Tras más de dos décadas de negociaciones, el país pasa a integrarse a un mercado ampliado de más de 700 millones de consumidores, con una reducción progresiva de más del 90% de los aranceles entre ambos bloques.

Para la economía argentina, esto implica un cambio estructural: mejora el acceso a uno de los mercados más grandes y exigentes del mundo, al tiempo que se profundiza la competencia interna por el ingreso de productos europeos. También supone una mayor inserción internacional en un contexto global marcado por tensiones comerciales y reconfiguración de alianzas.

Exportaciones: más acceso, pero con condiciones

Uno de los impactos más directos se verá en las exportaciones. Desde ahora, varios productos argentinos comienzan a ingresar a Europa con arancel cero o con rebajas graduales. Entre los más beneficiados aparecen el maní, las legumbres, el aceite de maíz y derivados de soja, que pasan a tributar 0% de forma inmediata.

Además, el acuerdo habilita cuotas relevantes para productos estratégicos: carne vacuna, 99.000 toneladas con arancel preferencial; carne aviar, 180.000 toneladas libres de arancel; miel, 45.000 toneladas sin arancel; cítricos, eliminación gradual en plazos de hasta 10 años.

Sin embargo, el acceso no será automático. La Unión Europea exigirá estándares cada vez más estrictos, especialmente en trazabilidad ambiental y certificaciones sanitarias. Por ejemplo, desde 2026 la soja deberá contar con geolocalización lote por lote, lo que puede limitar las exportaciones si no se cumple con esos requisitos. A esto se suman controles fitosanitarios más rigurosos que podrían funcionar como barreras no arancelarias.

Importaciones: más competencia interna

Del otro lado, el acuerdo también impacta en el mercado local. Productos europeos como autos, vinos y maquinaria comenzarán a bajar sus aranceles en forma gradual.

En el caso de los autos, el actual arancel del 35% se reducirá en plazos de hasta 15 años (y 18 para eléctricos), lo que podría aumentar la competencia para la industria automotriz local y acelerar procesos de reconversión.

Los vinos europeos, en tanto, tendrán desgravación total en ocho años, con algunos segmentos premium liberados de inmediato, lo que también presiona sobre productores locales. En maquinaria, la baja de costos podría beneficiar a sectores productivos, aunque con impacto dispar según la competitividad de cada rubro.

Otro cambio clave es el impacto en las inversiones. El acuerdo establece reglas más claras y previsibles para el comercio, lo que podría reducir el riesgo país percibido por inversores europeos.

Según estimaciones privadas, las exportaciones argentinas a la UE podrían crecer cerca de un 80% hacia 2030, mientras que los flujos de inversión europea podrían duplicarse y alcanzar entre USD 3.500 y 4.000 millones anuales.

Actualmente, la Unión Europea ya representa cerca del 40% del stock de inversión extranjera en la Argentina, con fuerte presencia en sectores como energía, banca e infraestructura.

Reglas, cuotas y quién gana

El Gobierno argentino ya avanzó en la reglamentación para distribuir las cuotas de exportación entre empresas, lo que será clave para definir qué sectores y compañías logran aprovechar el acuerdo.

El esquema incluye requisitos administrativos, criterios de asignación y condiciones específicas que determinarán el acceso efectivo a los beneficios arancelarios. En la práctica, esto definirá el mapa de ganadores dentro del entramado exportador argentino.

Un acuerdo con beneficios y desafíos

Si bien el acuerdo abre oportunidades inéditas para sectores agroindustriales y exportadores, también plantea desafíos concretos: adaptación a normas europeas, inversión en trazabilidad, mejoras logísticas y aumento de la productividad.

En paralelo, la industria local deberá enfrentar una mayor competencia de productos europeos en el mercado interno, lo que podría generar tensiones en sectores sensibles.

Así, la entrada en vigencia del pacto no es solo una baja de aranceles: redefine las reglas de juego para la Argentina en el comercio internacional, con un equilibrio delicado entre expansión exportadora, atracción de inversiones y presión competitiva interna.

 

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