La industria textil, sacudida por un cóctel que es explosivo

Caída de la producción, consumo en retroceso, costos elevados y una fuerte presión importadora la dejan en jaque

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La industria textil atraviesa una de las peores coyunturas de los últimos años, golpeada por una combinación de variables que actúan en simultáneo. La caída del consumo interno, el deterioro del poder adquisitivo, la pérdida de empleo y la apreciación cambiaria se suman a la apertura importadora y a los elevados costos sistémicos, generando un escenario de fuerte tensión para la producción nacional.

Los últimos datos oficiales reflejan con claridad el deterioro. En el primer bimestre de 2026, la producción textil cayó 29,4% interanual y se ubicó 35,3% por debajo de 2023. En paralelo, la fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado retrocedió 19,3% frente a 2025 y 16,6% respecto de 2023.

Se trata de caídas profundas y sostenidas en sectores con alta participación de pymes y fuerte presencia federal, lo que amplifica el impacto económico y social en distintas regiones del país.

La Capacidad ociosa en niveles alarmantes

El freno en la actividad se traduce en una utilización muy baja de la capacidad instalada. Durante el primer bimestre del año, siete de cada diez máquinas permanecieron detenidas en las fábricas textiles, un indicador que evidencia la magnitud del parate industrial.

A esto se suma un aumento de los costos fijos que, en un contexto de baja producción, se vuelven cada vez más difíciles de absorber para las empresas.

Mientras, las ventas no logran recuperarse y continúan condicionadas por la debilidad del mercado interno. La combinación de bajos ingresos y pérdida de empleo de calidad limita el consumo, mientras que la sobreoferta de productos —impulsada por el ingreso de importaciones— presiona aún más sobre la actividad local.

El avance de las importaciones es uno de los factores centrales del “cóctel explosivo”

En este contexto, los precios del sector crecieron muy por debajo de la inflación. En marzo de 2026, las prendas de vestir y el calzado registraron un aumento interanual del 13,4%, frente a un promedio general del 32,6%. Desde diciembre de 2023, el rubro acumula una suba del 118%, muy por debajo del 213% del nivel general.

Lejos de ser una señal positiva, este comportamiento responde a un mercado recesivo, con exceso de stock y empresas que, en muchos casos, venden por debajo de sus costos para sostener liquidez y evitar mayores pérdidas.

Importaciones en alza

El avance de las importaciones es otro de los factores centrales del “cóctel explosivo”. Entre enero y marzo de 2026 ingresaron al país 79 mil toneladas de productos textiles e indumentaria por un total de USD 421 millones.

Si bien las cantidades importadas bajaron 17%, los valores crecieron 5%, lo que evidencia un cambio en la composición: aumentan los bienes finales importados y disminuyen los insumos destinados a la producción local.

Siete de cada diez máquinas del sector textil estuvieron apagadas en el primer bimestre

Las importaciones de ropa alcanzaron niveles récord, con incrementos promedio del 85% respecto del máximo registrado el año anterior. A su vez, el sistema puerta a puerta también mostró un fuerte crecimiento: los envíos vía courier aumentaron 118% interanual en el primer trimestre y 550% en comparación con 2024.

Las consecuencias sobre el empleo ya son visibles. En enero de 2026, el sector registró la mayor caída del empleo privado formal de toda la economía, con una baja del 18% respecto de diciembre de 2023. Esto equivale a más de 21.300 puestos de trabajo perdidos.

En paralelo, la estructura empresarial se achica. Desde fines de 2023 cerraron cientos de compañías a lo largo de la cadena de valor. En el segmento industrial textil, indumentaria y calzado se registran en promedio tres cierres por día, acumulando 749 establecimientos menos.

La continuidad de este escenario no solo afecta la coyuntura, sino también el futuro de la industria. La prolongada inactividad pone en riesgo capacidades productivas, empleo calificado e inversiones que demandaron años de desarrollo.

En este marco, el sector reclama medidas urgentes para sostener la actividad y el empleo, junto con reformas estructurales que mejoren la competitividad, reduzcan la carga fiscal, faciliten el acceso al financiamiento y promuevan la inversión productiva.

 

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