Milei defendió a Menem, pero advirtió: “Santiago Caputo es mi hermano”

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El clima en los pasillos de Balcarce 50 venía sumando grados de tensión en las últimas semanas. Los rumores de un fuerte cortocircuito en el “triángulo de hierro” presidencial —ese vértice de poder compuesto por Javier Milei, su hermana Karina y el omnipresente asesor Santiago Caputo— alimentaban los debates políticos de la city. Se habla de fuego cruzado, de pases de factura y de un quiebre interno irreconciliable entre el ala de “El Jefe” y la del estratega de las redes y la comunicación.

Sin embargo, el Presidente buscó cortar el ruido de cuajo con definiciones tajantes, fiel a su estilo de confrontación directa, aunque sigue culpando a los de afuera de las internas. Lejos de admitir una crisis de gobernabilidad o una grieta en su entorno más íntimo, Javier Milei salió a respaldar públicamente a sus filas y a desactivar la bomba mediática. Para el mandatario, las acusaciones cruzadas no son más que un espejismo diseñado por la oposición o por sectores interesados en esmerilar su gestión. Esta vez no apuntó al periodismo.

“Es algo que le han plantado a Martín Menem. Está prefabricado”, disparó Milei sin titubear en una entrevista en Neura. Pero desvinculó a Santiago Caputo del hecho y reiteró que es su hermano.

Con esa sola frase, el jefe de Estado buscó cambiar el eje de la discusión: por un lado, desestimó el conflicto. Negó que exista una guerra interna real entre Santiago Caputo y el sector que responde a Karina Milei. Por otro, protegió a sus alfiles: enmarcó la situación como una “operación” burda destinada a desgastar al presidente de la Cámara de Diputados, quien viene surfeando aguas movedizas en el Congreso.

Señaló un enemigo externo. Al hablar de algo “prefabricado”, Milei volvió a recurrir a la narrativa del complot de “la casta”, sugiriendo que la supuesta interna es un libreto armado en laboratorios políticos ajenos a La Libertad Avanza.

La declaración operó en dos niveles. Hacia el exterior, buscó llevar tranquilidad a los mercados y a su base electoral, demostrando que el núcleo duro del gobierno sigue abroquelado. Hacia el interior, funciona como un fuerte llamado al orden: en el universo libertario, las disidencias públicas se pagan caras.

 

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