Motochorros, uno de los grandes dramas que atraviesan la Ciudad
Edición Impresa | 4 de Mayo de 2026 | 00:53
La problemática de la inseguridad en La Plata sumó un nuevo episodio de violencia durante el último fin de semana y volvió a encender las alarmas en distintos barrios. Vecinos y comerciantes coinciden en un diagnóstico que se repite: el delito parece haberse vuelto cada vez más audaz, rápido y difícil de prevenir, mientras crece la sensación de desprotección.
El caso más reciente ocurrió el sábado cerca de las 22.00 en la zona de la calle 3 entre 67 y 68, donde un joven fue víctima de un asalto bajo una modalidad que se viene repitiendo en la Ciudad.
Toda la secuencia quedó registrada por una cámara de seguridad y refleja con claridad el nivel de planificación y rapidez con el que actúan los delincuentes.
Según se observó en las imágenes, los atacantes se movilizaban en moto y utilizaron un método de engaño para acercarse sin despertar sospechas.
Uno de ellos llevaba una mochila de repartidor, simulando ser un trabajador de delivery, una estrategia cada vez más utilizada para mezclarse con el movimiento cotidiano de la noche.
Con esa apariencia, interceptaron al joven y, en cuestión de segundos, lo amenazaron con un arma de fuego. Sin margen de reacción y ante el riesgo inminente, la víctima decidió priorizar su integridad: descendió de su vehículo, lo dejó sobre el asfalto y escapó corriendo para resguardarse.
El robo se consumó en un instante. Uno de los delincuentes tomó el ciclomotor y huyó, mientras su cómplice lo escoltaba en la moto en la que habían llegado.
Toda la maniobra duró apenas unos segundos, suficiente para concretar el hecho y desaparecer sin dejar rastros. Hasta el momento, no hay información sobre el paradero de los autores.
El episodio no es aislado. Por el contrario, se inscribe en un contexto donde este tipo de delitos -rápidos, con uso de motos y bajo modalidades engañosas- se multiplican en distintos puntos de La Plata.
La utilización de mochilas de delivery, en particular, genera una preocupación creciente: vecinos advierten que esta táctica complica la identificación preventiva, sobre todo en horarios nocturnos donde la circulación de repartidores es constante.
“Ya no sabés quién es quién”, resumió un frentista de la zona, reflejando un temor cada vez más extendido.
La delgada línea entre trabajadores reales y delincuentes que imitan su estética vuelve más compleja la reacción tanto de los ciudadanos como de las fuerzas de seguridad.
A este escenario se suma otro factor clave: la velocidad de ejecución. Los hechos duran segundos, lo que reduce drásticamente la posibilidad de intervención o asistencia inmediata.
Cuando la víctima logra reaccionar, muchas veces los delincuentes ya se han perdido en el éjido urbano.
En paralelo, crece el malestar vecinal. Reclaman mayor presencia policial, controles más estrictos sobre motos y estrategias de prevención adaptadas a estas nuevas modalidades. También apuntan a la necesidad de respuestas más rápidas en la investigación de los hechos, ya que la impunidad percibida alimenta la reiteración de los delitos.
Mientras tanto, la rutina diaria se ve atravesada por el miedo. Salir de noche, circular en moto o incluso caminar pocas cuadras se transforman en situaciones de riesgo para muchos platenses.
El episodio de la calle 3 vuelve a poner en evidencia un problema que lejos de resolverse, parece profundizarse con el paso del tiempo.
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