La necesidad de prever defensas y obras ante la crisis climática
Edición Impresa | 8 de Mayo de 2026 | 02:59
El informe ofrecido por la Organización Meteorológica Mundial revelador de que la Argentina sufrió 28.775 inundaciones en los últimos veinte años, lo que equivale a un promedio de 1.400 por año y 30 por semana, no solo ubica al país entre los más afectados en el planeta por este tipo de desastres climáticos, sino que debiera impulsar a las autoridades a promover acciones tendientes a prever y minimizar el efecto de esos fenómenos. En forma prioritaria, se trata de minimizar el número de víctimas y los enormes peligros, daños y enormes perjuicios económicos que arrojan las tormentas y vendavales.
Tal información se conoció en el contexto del fuerte temporal que se desató la medianoche de anteayer sobre La Plata, con intensas ráfagas, abundante actividad eléctrica y chaparrones de variada intensidad que comenzaron a sentirse cada vez con mayor fuerza después de las 00.30.
El fenómeno avanzó de manera sostenida sobre el casco urbano y la periferia, en medio de un marcado deterioro de las condiciones climáticas y un brusco descenso de la temperatura que ya habían sido anticipados por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN).
Los frentes tormentosos se registraron también en los grandes centros urbanos: la Ciudad de Buenos Aires, las capitales de Santa Fe, Córdoba, Salta y Corrientes, y las ciudades de Bahía Blanca y Mar del Plata.
Como se recordará, uno de los cuadros más críticos en los últimos años se presentó el 7 de marzo de 2025, cuando en un solo día se contabilizaron 325 inundaciones en todo el país. Bahía Blanca fue la más golpeada: 300 milímetros de lluvia cayeron en apenas 12 horas —el equivalente a cuatro meses de precipitaciones— y dejaron 18 muertos, miles de evacuados y daños estimados en cerca de US$ 300 millones.
En cuanto la tormenta de las últimas horas en la Región -incluida en el contexto climático reinante a partir de 2005, considerado el más caluroso de la historia- provocó anegamientos, daños y otras consecuencias negativas en distintas zonas del casco urbano y del Gran La Plata.
En sectores de la periferia del casco fundacional se reportaron calles inundadas, ramas caídas sobre veredas y calzadas, además de apagones en principio localizados. Los vecinos también dieron cuenta de los impactantes truenos y relámpagos producto de la actividad eléctrica que acompañó el avance de las tormentas, mientras que algunos barrios padecieron la caída de granizo.
Es de esperar, entonces, que tal como se dijo varias veces en esta columna –respondiendo a las advertencias formuladas por meteorólogos- se conforme no sólo más eficaz estructura de defensa civil sino que se adopten todos los resguardos urbanísticos para evitar que las malas planificaciones y ejecuciones de obras –en especial la instalación de nuevos asentamientos y la falta de redes de desagües pluviales- agraven las secuelas de la crisis climática.
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